El teléfono y el timbre de la casa de Valero Prat en Pozán de Vero no cesó de sonar ayer. «Llevamos desde las siete atendiendo llamadas y recibiendo a gente que felicita a mi padre», explicaba su hija Dorita que junto a su marido José Teniente recibían a vecinos, familiares y amigos del anciano que ayer cumplió cien años.
Valero conversaba con ellos y recordaba con nostalgia viejos tiempos «cuando la palabra era una escritura y había más formalidad». Valero llega a los cien años en buenas condiciones «porque he trabajado toda mi vida en el campo y me gusta mucho andar, incluso ahora me doy paseos por el pueblo, que ha cambiado mucho».
Además del ejercicio, Valero presume de «no tener ningún enemigo. Par a mí todos son amigos» y ya sólo le pide a la vida «que nos amemos más, como vivíamos antes, que se acabe la crisis y haya trabajo para todos».
La asociación cultural se sumó a las felicitaciones y ayer le brindó un homenaje. Mientras que la gran fiesta familiar se celebra el domingo en el asador Calasanz. Previamente, a la salida de misa, Valero invitará a todos los vecinos a un ágape.


