Es difícil comprender y analizar lo más seguramente posible la situación política en Francia.
Antes de la V República promulgada por el General De Gaule, Francia al final de la Segunda Guerra Mundial había adoptado la IV República, de la que España se inspirará ampliamente en 1978 para su Constitución.
Los franceses soportaban mal la IV República, que daba poder al Parlamento, un Parlamento heterogéneo, hecho de tres grandes tendencias, Centro, Izquierda y Derecha, pero cada una de ellas era un conglomerado de diversas tendencias. Siempre era la búsqueda de alianzas entre individuos más a menudo que convicciones, las ideas retenidas siguen siendo un mézclum que permite gobernar, el tiempo de aplicación programáticos de circunstancias.
Así, desde 1958 Francia está «dividida» en dos grandes tendencias Derecha-Izquierda y un Centro de ajuste que inclinaba más bien a la derecha. François Mitterrand, formado en los arcanos de la IV República, denunció un artículo particular de la V República, a saber, el artículo 16 de la Constitución, declarándolo «el golpe de Estado permanente» ya que éste daba plenos poderes al Presidente elegido por sufragio universal, lo que no era el caso antes: Francia con la V República entraba de lleno en una presidencialización del poder, e instalaba un «bipartidismo» con un centrismo orientado. A medida que las siete presidencias que siguieron al General De Gaule, especialmente los dos septenios de François Mitterrand, se vio obligado a constatar que la V República era una constitución sólida y democrática, equilibrio de poderes entre la presidencia, la Cámara de Diputados y el Senado.
En la primera cohabitación, que parecía imposible y que sin embargo se desarrolló sin gravedad institucional alguna, las tres tendencias, Derecha, Izquierda y Centro, se fueron poco a poco y sin avisar, transformados en conglomerados de partidos más o menos importantes que se agrupaban para gobernar. En los mismos «grandes partidos» de estas tendencias (Partido Socialista y Agrupación Por la República en particular, Unión para la Democracia Francesa), se han «subdividido». En este espacio las estelitas navegaban según las circunstancias, pero permanecían retenidas por fronteras ideológicas y de valores afirmados.
Emmanuel Macron en 2017, hombre de derecha que no se revela, adoptado como consejero y luego ministro de François Hollande, entonces presidente socialista de un partido convertido en socialdemócratia tendencia liberal, va a utilizar lo que me parece personalmente como un retorno a la IV República, pero con un Presidente fuerte en una V República. Su «En Marcha» y «Todos juntos» confundirá definitivamente las cartas.
Para la anécdota, el Partido Comunista pierde fuertemente de su influencia, el Partido Socialista pierde su ala izquierda convertida ese día en «Francia Insumisa» de Jean-Luc Mélenchon. A este respecto, el programa de JL Mélenchon, contiene una gran parte del programa del Partido Socialista de 1981 que llevó a F. Mitterrand al poder! La Izquierda era «centrificada», mostrando su capacidad de gobernar en diversas circunstancias, adquiriendo «cartas de nobleza» de gobierno, induciendo poco a poco en el discurso ambiente que «la Francia Insumisa» sería de ultraizquierda.
En cuanto a los Nacionalista, cuyo Jean-Marie Le Pen era el enemigo jurado de Charles de Gaule, su existencia política bajo la IV República se manifestaba en estas nebulosas, dejándolo sin embargo aislado en el tablero político, pero muy presente. Después de la corta presidencia de Georges Pompidou, seguida de Valéry Giscard d’Estaing, el “Frente Nacional” creado en ese intervalo, impone el discurso sobre la inmigración, que será a partir de ahora su leitmotiv. JM Le Pen se convierte en la bestia negra, luego su hija toma la cabeza del partido y «dedica» su discurso creando el “Rassemblement Nacional” (Unificación Nacional), que de elecciones en elecciones aumenta sus puntuaciones, pero no logra romper el «techo de cristal», enfrentándose cada vez al «frente republicano», alianza de derecha e izquierda contra la extrema derecha.
En las últimas elecciones europeas, la Unificación Nacional sale ampliamente mayoritaria de las urnas. Emmanuel Macron, en un juego de poder solitario y obediente a sí mismo, disuelve la Cámara de Diputados. La secuela la conocemos, una primera Vuelta muy ampliamente favorable a la Unificación Nacional, una segunda Vuelta con la constitución de un Nuevo Frente Popular que, contra todo pronóstico, es mayoritario, ante la Unificación Nacional y “Renacimiento”, el conglomerado de personas diversas de Derecha y de Izquierda de Emmanuel Macron.
Esta derrota del Presidente muestra un retorno del poder parlamentario, pero con mayorías más que nunca disfuncionales ya que ninguna es verdaderamente unitaria:
– la Derecha clásica se divide entre los familiares de Marine Le Pen, los egos de los antiguos tenores de la derecha tradicional, algunas personalidades como el ex primer ministro Edouard Philippe que reconoce haber cenado con Marine Le Pen, sembrando ahora la duda de posibles acuerdos para mas tarde…
– la Izquierda donde cada uno se disputa la mayoría en el Nuevo Frente Popular, con JL Mélenchon, más que nunca en una dialéctica revolucionaria, y, acusado de todos los males como el antisemitismo en particular.
– “Renacimiento”, que debía representar el antiguo Centro, herramienta de E. Macron que no sería ni Derecha ni Izquierda…
Las negociaciones en todas las direcciones que se desarrollan en este momento, el rechazo de la dimisión del gobierno Attal por E. Macron, la carta de Macron a los franceses negando cualquier mayoría suficiente entre los Diputados y a la espera de la instauración de una mayoría necesaria heterogénea, ponen a Francia en una situación difícil tanto en el interior como en el exterior.
Lo que es seguro es que la situación es extremadamente compleja, que a más o menos largo plazo llamará a una VI República. Mientras tanto, el Presidente ha dado muestras de malos tratos a los electores en su forma de gobernanza y su desacreditación de los partidos políticos, como de los sindicatos. Mañana, los franceses corren el riesgo de amplificar aún más su «asco» de la Política, desacreditando a todos los elegidos, arriesgando a los ciudadanos a salir a la calle como los “chalecos amarillos”. Es el riesgo del «Golpe de Estado permanente» al que juega peligrosamente E. Macron, comprometiendo las instituciones de la V República.


