El profesor, historiador y sindicalista Herminio Lafoz presentó en Barbastro el jueves 27 su libro ‘Socialismo y magisterio. La FETE en Aragón durante la Segunda Repíblica 1931-1938′, editado por la Fundación Bernardo Aladrén y el proyecto Amarga Memoria.
La obra es un trabajo enciclopédico en el que Lafoz ha invertido diez años de investigación que se plasman en cerca de 500 páginas a lo largo de las cuales se relatan la historia de esta sección sindical de la UGT de la docencia, el papel de los maestros durante el periodo republicano, su militancia en el frente y su labor pedagógica en la retaguardia así como su represión por el franquismo. Acompaña esta historia un completo listado de los maestros sindicalistas de las tres provincias, así como un anexo fotográfico, de prensa y carteles del periodo tan convulso y dramático de la historia de España.
El minucioso trabajo llena el hueco del sindicalismo ugetista en el sector de la enseñanza. La FETE fue una federación pequeña en su número (alrededor de medio millar de afiliados en todo Aragón) pero aglutinó a la mayoría de los maestros aragoneses (la segunda fuerza de enseñanza era la CNT) y fue muy influyente en momentos decisivos del primer tercio del siglo XX y en la Guerra Civil como el cargo de consejero de Educación que ocuparon en el Consejo de Aragón.
En la obra Barbastro cobra un especial significado ya que fue la capital republicana de la provincia y atrajo a todos los maestros altoaragoneses que sobrevivieron al golpe de Estado. «Desde Barbastro organizaron todo el sindicato por un lado y el Ministerio de Instrucción Pública correspondiente, puesto que si el golpe fue en julio en septiembre las escuelas tenían que empezar. Madrid estaba descolgado y en los primeros meses se funcionó con un acuerdo tácito entre la UGT y la CNT, organizando a los maestros hasta que hubo conexión con Madrid y las cosas se fueron normalizando», señala Lafoz.
El historiador resalta el papel de estos maestros republicanos «que tuvieron que improvisar la educación en unas condiciones de guerra, con el frente no muy lejanos, con colonias infantiles de niños llegados desde Madrid en Graus, Barbastro o Binéfar, …».
En el plano bélico, Lafoz señala que muchos de estos maestros, sobre todo los más jóvenes, tuvieron que cambiar las aulas por el frente y participaron activamente en la guerra. «En Barbastro se crea la única milicia de maestros que hubo en España junto con la de Madrid. Un batallón entero de maestros se desplazaron desde Barbastro hasta el Pirineo con la 43 División y participaron en la toma de Biescas, donde muere el comandante, el maestro de Canfranc Telmo Montpradé. Tienen un protagonismo no sólo en la escuela. Ellos decían que al fascismo había que ganarlo en la escuela y en el frente», relata.
Acabada la guerra el colectivo docente fue uno de los más represaliados por el franquismo. «Hubo muertos, exiliados, trasladados de provincia, y muchos murieron en el exilio. La enseñanza fue una de las grandes perdedoras de la guerra por los avances pedagógicos que supuso la República», sentencia.





