Abrieron sus puertas en los momentos más duros, levantaban cada día la persiana sabiendo que el riesgo de contagio era muy importante, gracias a ellos muchos habitantes del medio rural han podido tener productos de primera necesidad, pues en muchos casos eran el único establecimiento abierto en los pueblos. Los pequeños comercios, los de barrio, los multiservicios, han recobrado en los últimos meses la importancia perdida con la globalización, con la posibilidad de hacer la compra por internet y que nos la trajeran a la puerta de casa.
Los hay que se vieron obligados a cerrar y que ahora recuperan la actividad para ofrecer de nuevo sus servicios a todos los vecinos. Son las tiendas que suministran productos considerados no esenciales. Muchas lo hacen a medio gas, con la confianza depositada en la reactivación, en la vuelta a esa nueva normalidad que les ha obligado a adaptarse con importantes medidas higiénicas y de seguridad, con la ilusión de volver a vernos entrar por la puerta para comprar.
Los unos y los otros son el pilar de muchos pueblos, sobre ellos se asienta parte de la vida en el medio rural, garantizando unos servicios que, si no existieran, complicarían aún más el futuro de muchos municipios. Tras los tres meses más duros que seguro han vivido en muchos años, se merecen seguir abiertos, se merecen que sigamos acudiendo a ellos. Está en nuestra mano su continuidad.
El mejor homenaje que les podemos hacer es seguir acudiendo a ellos para llenar nuestras neveras, para comprar la ropa que ahora nos falta con el cambio de estación o la pintura que necesitamos para arreglar esos desperfectos que hemos visto tras tantos días confinados en nuestras casas. Ayudemos al comercio local, nos necesitan tanto como nosotros a ellos.

