Érase una vez un bonito país en el que no existía el día de carnaval y que tampoco se iban de fiesta.
Un día llegó un mentalista con un maletín y un reloj de oro en el cuello.
El mentalista reunió a todos los habitantes del país, ellos fueron convencidos de que iban a asistir a un concierto.
Allí el mentalista saco su reloj de oro e hipnotizo a todo el público.
Entonces el mentalista dijo en voz alta:
- Sumergiros en lo más profundo de vuestra mente, pensad en que os convierte en diferentes del resto del mundo.
Después chasqueo los dedos, el público se despertó y al día siguiente los habitantes de aquel país se vistieron como se sentían en el fondo de su mente. Se disfrazaron de piratas, princesas, superhéroes, payasos…
Y así es como comenzó la celebración del carnaval en ese bonito país.

