El Parque Cultural del Río Vero es, todavía, «un enigma por descubrir» en opinión de Sergio Ripoll, profesor de Prehistoria y de Arqueología en la UNED y de los pocos que han participado en los ocho cursos celebrados en el Centro Asociado de Barbastro. En su opinión, «quedan muchas cosas por descubrir porque solo conocemos el 0’01% de lo que pudo haber pero no lo vemos o no sabemos verlo».
El Arte Rupestre al que se refiere Ripoll se concentra en un área geográfica en torno al río Vero, entre las localidades de Lecina, Colungo, Asque y Alquézar, tiene la consideración de Bien de Interés Cultural y está
declarado Patrimonio Mundial por la UNESCO. Los abrigos de Arpán, Muriecho, Barfaluy, Chimiachas, Regacens, Tozal de Mallata y Fuente del Trucho son los más importantes por el carácter creativo de las pinturas rupestres que plasmaron las diferentes sociedades prehistóricas.
El curso sobre astas, huesos y tendones se centra en la gestión de las materias primas animales durante el Paleolítico Superior que tiene muestras excelentes en el Parque Cultural del Río Vero con figuras localizadas en los abrigos naturales de Arpán (Arte Levantino) y Tozal de Mallata (Arte Esquemático) donde se realizan hoy visitas guiadas por Miguel Ardanuy, profesor-tutor del Centro Asociado de Barbastro.
Ripoll señala que el Arte Rupestre, en diferentes facetas y aspectos, «se ha consolidado muy bien entre las propuestas de los Cursos de Verano y es uno de los grandes atractivos del ciclo barbastrense». Valora la importancia que tiene la cuenca del río Vero, «con determinadas figuras que existen otras cavidades de la zona y en la Fuente del Trucho con las únicas pinturas
del Paleolítico en Aragón».
Los animales tuvieron protagonismo claro, «si tenemos en cuenta que eran unos pueblos cazadores y recolectores, plasmar en las paredes de las cuevas las imágenes de estos animales que consumían o bien, se les consideraba
símbolos totémicos, es muy importante. Además, supone más del 99% de las representaciones porque el resto son signos figuras humanas, escenas y signos».
El tema interesa porque «es nuestro pasado, igual que es atractivo mirar fotos de nuestros abuelos o álbumes de fotos antiguas, aquí es la huella que dejaron nuestros ancestros. Las muestras de arte rupestre localizadas en los abrigos naturales del río Vero son una exclusividad por la zona geográfica en que se encuentran».
Explica, «si la fuente del Trucho estuviera en Cantabria, al lado del monte del Castillo, sería una cueva menor pero al estar aquí es importantísima porque contiene representaciones que no son lógicas en la cuenca del río
Vero. Por ejemplo, las figuras del oso y del reno no son propias de esta zona con lo cual la cueva está más relacionada con el norte de España y con Francia que con el resto del límite que marcaría el río Ebro».
En su opinión, «se debe a una influencia climática porque es, sin duda, muy importante y de ahí la representación del reno con lo cual hace 25.000 a 30.000 años aquí hacía mucho frío». De todas maneras, «lo más importante es la ingente cantidad de manos interpretadas. En conjunto, nos transmiten un mensaje pero desconocemos el código y no lo podemos descifrar».
En la misma zona del Parque Cultural del Río Vero aún quedan cosas por descubrir, «solo conocemos el 0’01% de lo que pudo haber pero no lo vemos o no sabemos verlo».
Oferta de calidad
Los contenidos del curso sobre Prehistoria y Arqueología permiten a los alumnos la opción de conocer los últimos avances relacionados con el Arte Paleolítico. Ripoll ha sido testigo directo del auge creciente de los Cursos
de Verano, en Barbastro, «se han consolidado gracias a la oferta de calidad que no pasa desapercibida entre los alumnos, no solo de los barbastrenses sino por gente de fuera que vienen por su interés».
En este curso participan, Santiago David, Francisco Muñoz, Juan Antonio Marín de Espinosa e Ignacio Martín, que son especialistas muy adecuados para conocer cuales eran las estrategias económicas de subsistencia y las
materias primas que sirvieron como soporte para la fabricación del utillaje, objetos de adorno personal y de carácter simbólico o religioso hace millones de años.



