En la parte baja de la vertiente de la Sierra de Carrodilla, en el término municipal de Estadilla, existe un santuario de gran devoción dedicado a la Virgen. Existe un sustrato religioso pre cristiano porque desde la prehistoria está la costumbre de recoger unas piedras llamadas «coronetas» en un lugar cercano al santuario. Estas piedras eran usadas como amuletos, o como remedios curativos. Esta costumbre de las coronetas ha sido muy bien descrita en el blog del profesor Heraclio Astudillo Pombo.
En el sitio donde aparecen las coronetas, la tradición popular cristiana relata que un par de carboneros estadillanos encontraron, milagrosamente, la imagen de la Virgen. Al igual que en otras leyendas similares los carboneros dieron cuenta a los vecinos de la villa de Estadilla, pero éstos no sólo no les creyeron, sino que se rieron de ellos. Cuando regresaron ante la Virgen, ésta hizo un prodigio para que fueran creídos pegando la mano de uno de los carboneros a su mejilla por siempre.
Lo que tenían de especial las coronetas es que cuando se partían y pulían salía unas un bandeado circular, alternativamente, de tonalidad clara y oscura, dispuesto concéntricamente y que antiguamente (según tradición cristiana) fue interpretado como una representación de la aureola o corona de la Virgen.
Es difícil saber qué es lo que pensaban antes del cristianismo que eran estas coronetas. Quizás la pista nos la pueda dar la imagen de la Virgen que curiosamente va montada en un carro tirado por leones por lo cual en muchas ocasiones se la ha asociado con la diosa Cibeles. Ovidio describió esta diosa de este modo: en su carro tirado por leones atravesando el cielo. Su estela iba acompañada por la música de los címbalos y de las flautas. Se asociaba a Cibeles principalmente la fertilidad y la resurrección. Podriamos pensar que en el culto a Cibeles esos aros redondeados que aparecen en las coronetas se asociarían las estelas del cielo que cita Ovidio.
Cibeles también encarna la naturaleza salvaje (simbolizada por los leones que la acompañan). Se le atribuyó la curación de enfermedades y la protección de su pueblo durante la guerra. Esa tradición curativa continúo en el lugar. Un autor del siglo XVII describía el milagro de la imagen: de una columna de la imagen manaba un aceite que manaba un aceite que se describía como “sudor y bálsamo muy delgado, y sutil de color amarillo oscuro, el cual cae dentro de una ollica que tiene baxo de si, y sacan a menudo, guardándole para las ocasiones que se le ofrece distribuir a los devotos fieles, con el cual obra Dios muchas maravillas curándoles de diferentes enfermedades».


