Dijo Manuel Vicent: «Leer es la forma más barata de volar» y que razón llevaba. VIAJEROS AL LIBRO, siento ganas de gritar. ¡Qué nos vamos de vacaciones a través de la lectura!
Vamos a recorrer juntos este verano diferentes poblaciones, sin trenes, sin aviones, sin coches ni estaciones de servicio… Y lo más importante, viajeros que os apuntéis, al módico precio de unos 15€. Buen plan, ¿no?
Y comenzamos en una ciudad que a mí me pilla cerquita y a ti, quizás no tanto. Porque Juan Bolea nos lleva hasta Zaragoza; esa Zaragoza de callejuelas y pequeños bares de toda vida. De terrazas y vermú y bocata de calamares. De antros y plaza del Pilar. Y de ahí, agárrense, a Teruel, Castellón, y hasta el mismo Jerusalén.
¿Quién dijo que viajar era caro? Bolea, en su novela policiaca El síndrome de Jerusalén, publicado por Ediciones B, nos transporta a estos sitios con la palabra. Con descripciones breves, pero concisas de los lugares que pisa nuestro protagonista, un detective venido a menos (como me gusta el thriller de toda la vida, señores, como me gusta), con cierta dejadez personal y un puntito mujeriego, al que le encomiendan la resolución de un extraño caso: El robo de la talla de una virgen de aparentemente, porque en este libro todo pasa aparentemente, de escaso valor.
Florián Falomir, quien de repente no debe resolver solo un robo, sino también una infidelidad y hasta un asesinato, comienza sus investigaciones al más puro estilo vintage. Sí, sí, han leído bien. Vintage, he escrito.
Hoy en día la novela policiaca está tan mezclada con el género negro, y toque de guerra, que una siente que no hay novelas como las de antes, de esas de planteamiento, nudo y desenlace en su último capítulo. Y El síndrome de Jerusalén lo es. Una novela sencilla, rápida y ligera. Con sus culpables camuflados y su crítica suave. De esas que lees a gusto mientras intentas descubrir quién es el malo, al más puro estilo Christie
Y el ingrediente perfecto para que este viaje funcione es el fervor religioso. Sectas, apariciones marianas y tomaduras de pelo que se contraponen a la fe más devota. Así Flo irá buscando pistas ayudado por un personaje femenino. Una mujer que parece tarde pero toma tanta fuerza que posee la novela y una ya no sabe si es Florián el protagonista o Martina de Santo.
Yo ya he realizado este primer viaje del verano… ¿te apuntas?
Una reseña de Rita Piedrafita para Ronda Somontano.

