El legado del doctor barbastrense Andrés Martínez Vargas, padre de la pediatría moderna española, fue el motivo central de la charla que ayer impartió en el Aula Magna de la UNED de Barbastro el doctor en medicina y pediatra Joaquín Callabed, con lazos familiares en el Somontano.
«Fue un hombre que nació en una ciudad cuna de tanta gente de corazón. Con sus cinco idiomas se lanzó al mundo y supo ser pionero de la pediatría social en España y también por Europa. Viajó por Alemania, Francia donde recibió la Legión de Honor, Italia y aportó e importó las mejores ideas del momento, como las guarderías infantiles, presidió congresos internacionales como el de la gota de leche en Francia y en España funda la sociedad de pediatría y realiza el primer tratado en esta materia. Dio charlas a los obreros en domingo, fue el primero en viajar a EE.UU para estudiar con los mejores, y México entró en la Academia. Su inquietud fue eterna y es una figura internacional no demasiado conocida», señala este profesor.
Martínez Vargas fue el pionero de la pediatría social, así lo entiende Callabed: «Tuvo una visión global de la pediatría, no sólo biológica, si no psicológica y social. Miraba al niño en su entorno, en su familia, en el colegio y en la sociedad y sus interacciones. La pediatría social la han contrastado los avances científicos en neuroimagen hasta el punto que el dolor infantil tiene traducción en las carencias afectivas».
El próximo año se cumplirá el centenario de uno de sus mayores logros y del cual Martínez Vargas se sentía más orgulloso: el primer instituto nipiológico de España, creado en su Barbastro natal en 1916, imitando las primeras clínicas de pediatría de Italia. La creación de un centro médico donde se atendiera a los bebes con los cuidados que requerían y, además se educara a la madre sobre cuestiones de higiene y alimentación básicas, fueron una revolución para la sociedad de la época. En una España en la que la tasa de mortalidad infantil era muy elevada, la figura del doctor Vargas y su legado fue vital. En su instituto nipiológico de Barbastro, «un ejemplo soberbio de la época», se consiguió erradicar en un 80% las muertes por la epidemia del sarampión entre niños de 0 a 2 años, por citar alguno de los muchos logros que este pediatra y sus ayudantes llevaron a cabo.
«Además lo expandía todo y habló con el obispo de Huesca para que en cada pueblo pusiera una escuela infantil. Era un hombre de bien, con una rectitud y una ética que hay que reivindicarlo de vez en cuando», señaló.
La figura del doctor Vargas ha sido reconocida en la ciudad del Vero ya en vida, pero para este profesor todavía es preciso mantener su legado y acentuarlo en estos momentos de crisis. Según Callabed en estos momentos donde los índices de pobreza en España son muy elevados «la obra social del doctor Vargas es muy necesaria y se merece enseñar a las nuevas generaciones». «En este momento tenemos trece millones de pobres en España y tres en pobreza extrema. La situación social es muy importante y las doctrinas y actitudes, habilidades sociales de Martínez Vargas tiene plena vigencia».
Callabed enmarcó la obra de Vargas con la de otro predecesor San Vicente Paúl -con un colegio en Barbastro, y que fundó el primer hospital para niños en París. «Barbastro se ha beneficiado de la presencia de estas figuras señeras en la ciencia y en la caridad y de gran corazón».





