Emoción, alguna lágrima, nostalgia, pero sobre todo mucha alegría fueron las sensaciones que experimentaron el sábado unas setenta personas, que compartieron vivencias de la infancia en el Cuartel General Ricardos de Barbastro, al que volvieron con motivo del I Encuentro de hijos de militares.
La iniciativa, convocada por un grupo de hijos de militares, tuvo una gran respuesta ya que consiguió reunir a decenas de antiguos compañeros residentes en la provincia de Huesca, Zaragoza, Lérida, Barcelona, Tarragona y hasta Mallorca, entre otras poblaciones.
La cita se llevó a cabo en una fecha simbólica, ya que coincidió con el inicio del derribo del cuartel General Ricardos hace un año dentro del acuerdo entre el Departamento de Urbanismo del Gobierno de Aragón y el Ayuntamiento de Barbastro para desarrollar sobre esta superficie una zona residencial de densidad baja y un polígono industrial blando. De lo que fue el Cuartel General Ricardos, construido a principios del siglo XX y que fue hasta los años 90 una de las zonas más emblemáticas e importantes a nivel socioeconómico de la ciudad, sólo queda el pabellón principal, que tras una primera actuación de conservación se recuperará como edificio administrativo. Frente a él, se encuentra el deteriorado jardín del cuerpo de guardia, de estilo modernista, y que fue lugar de juegos, comidas y meriendas, de los hijos del cuartel, quienes esperan que al igual que ha ocurrido con el pabellón, esta zona noble pueda ser rescatada del olvido.
Allí se concentraron los descendientes de los militares, entre abrazos, sonrisas y lágrimas por el recuerdo de viejos y queridos tiempos. Tras unas palabras de bienvenida, el Himno de Infantería volvió a sonar en e cuartel, pero esta vez entonado por este grupo de personas, que luego posaron frente al pabellón central para la foto de recuerdo de este primer encuentro. Los actos continuaron con una misa en la catedral y con una comida.
Uno de los impulsores del encuentro, Ramón Herrera, que llegó desde Tarragona indicó que la iniciativa surgió por «el anhelo que tenía por reencontrarme con los amigos de la infancia que dejé cuando me marché a los trece años. Empecé a buscar por Internet y cree un grupo en facebook, paralelamente en Barbastro también iban buscando y coincidimos».
Mari Feli Vega, de la comisión organizadora del encuentro, mostraba su «emoción y sentimiento por este encuentro» y recordaba cómo era la vida dentro del cuarte: «Éramos más que amigos, una propia familia». Por su parte, Alfonso Hierro, aseguró sentirse «muy contento por el objetivo cumplido, aunque podría haber venido más gente, pero da igual. Vamos a intentar hacerlo cada años que sería muy bonito».
El militar Luis Alfonso Alcarazo fue otro de esos niños que promovió este encuentro. Para él, el cuartel «son recuerdos de infancia y adolescencia. Yo era amigo de algunos de los hijos de militares y venía aquí los fines de semana. Eso me marcó y por eso soy militar. Verlo ahora así es una depresión, pero con la suerte de que se ha conservado el pabellón de mando».


