Todavía tengo esa vibración cuando paseo por la zona del ensanche de Barbastro, recorro Avenida del Cinca, y me voy acercando hacia la Farmacia Lachén, a la que todavía considero “Mi casa”. Con la ilusión de entrar y oír a mi madre diciéndome: “Hola Lili, ya sabía que venías, reconozco tus pasos desde lejos. Espérame que atiendo a la Señora Visi, me acompañas un momento a Azahar y luego nos vamos a tomar algo. Así me cuentas cosas de los nenes”.
Todavía mantengo la esperanza de poder escuchar esas palabras, echo de menos tu voz, volver a darte un beso, pasar más tiempo contigo. En realidad todo, incluidas esas pequeñas regañinas que nos echabas a Edgar a mi, y que en el fondo nos encantaban.
Pero esa sensación solo dura unos minutos, luego se desvanece.
Hoy 7 de abril hace tres años que ya no estás, pero tu cariño, tu alegría, tu forma de ser, permanecen intactos en mi memoria. Mamá, sé con certeza que caminas a mi lado.
Te quiero mucho,
Marina



