Me emociona ver cómo las nuevas generaciones no entienden el despropósito y la injusticia en los que nos hemos acostumbrado a vivir. Mientras los Estados se preocupan más de comprar, vender y detonar armas que de las personas, hay una escuela pública que decide que a pesar de que la Unión Europea y su propio país se nieguen a cumplir con la legislación internacional de protección y asilo ( Convención de la ONU de asilo al refugiado Ginebra 1951), ella: -escuela y pública-, de todas y para todas las personas, sí tiene sitio para acoger a los refugiados de guerra ( que dice CEAR que ya son 65 millones de personas).
Como profesional de la educación me toca llevar la actualidad al aula y explicar lo inexplicable, y contestar a las preguntas que inevitablemente me hacen aquellos que inocentemente, confían en el mundo adulto y en sus mayores. Uno de los temas más incomprensibles e inexplicables es la crisis de los refugiados. Estoy segura de que en un futuro se hablará de los ciudadanos y ciudadanas europeas como se habla ahora de los alemanes que escuchaban los gritos de los judíos en los trenes hacia los campos de exterminio y no hacían nada. Sin embargo, mi profesión me da cierta ventaja, cierto atisbo de esperanza, un poco de aire fresco en este irrespirable miedo ambiente.
Durante el mes de abril en los coles e institutos de toda España se ha estado hablando de los refugiados y refugiadas, porque es intolerable moralmente, ellos y ellas lo entienden enseguida. A pesar de que discuten y algunos al principio tienen miedo de que vengan demasiados, de que escasee la comida y el trabajo, al final se ponen en su lugar y comprenden que huyen de la guerra, que nos puede pasar mañana a nosotros y que es inhumano dejarlos en la cuneta como están haciendo los políticos europeos.
Cuando después de discutir y dialogar en la clase así se decide, se deja un pupitre vacío como señal de apoyo, para simbolizar el sitio que les aguarda cuando les dejen venir, para que, aunque ellos no lo sepan, nosotros no olvidemos que los estamos esperando.
La campaña surge de “Bienvenidos Refugiados Ávila” y está siendo seguida en todo el territorio… quiere demostrar a las autoridades europeas y españolas, que la población, y en especial, la población más joven, sí tiene corazón y sí quiere ayudar.
En otras escuelas se ha levantado un muro en el pasillo hecho con cajas de cartón. El muro permite pasar a una persona, de forma que en los cambios de hora se forman aglomeraciones y hay verdaderos problemas alrededor cuando hay exámenes o prisa por bajar al recreo. Hay profesorado que es muy comprensivo cuando llegan tarde a clase y hay otros que no tanto, como la vida misma. Me contaba emocionada una compañera cómo todo el instituto gritaba de júbilo el día que derribaron el muro.
Es conmovedor ver que en este mundo cruel e injusto, hay quienes quieren educar y vivir en otro mundo que también es posible si queremos construirlo. Que las generaciones venideras sepan que pueden elegir entre ayudar o pasar de largo, entre construir muros o tender puentes. No veo otro camino para llegar a ninguna parte que valga la pena que el de la libertad, que el de la educación en libertad.
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