El barrio del Entremuro ha perdido a una de sus vecinas más populares, la religiosa Isabel Abadía, de 76 años, que ha sido abadesa de las Madres Capuchinas durante 34 años en sucesivos capítulos desde que ingresó en el convento donde pasó la mayor parte de su vida. La religiosa falleció el lunes en el Hospital de Barbastro y el sepelio celebrado en la iglesia del convento fue una manifestación de duelo, sentimiento vecinal y familiar con asistencia de siete sobrinos directos para despedir a la abadesa con más recorrido en la historia de tres siglos y medio desde que se fundó la primera casa en el barrio del Entremuro anterior al convento a mediados del siglo XVII.
La madre Isabel fue testigo directo de la historia del único convento de Capuchinas que hay en la diócesis de Barbastro-Monzón. En el último capítulo interno celebrado hace dos años, le relevó Petronila Ngina Mwanzia, la primera abadesa de nacionalidad keniata en la historia del convento donde residen 3 religiosas mayores y 9 jóvenes keniatas. Petronila ingresó en el convento en el año 1995.
El obispo Ángel Pérez celebró la Eucaristía compartida con 17 sacerdotes y religiosos y sustituyó la homilía por una “recreación celestial” ideada por el prelado con la llegada de la madre Isabel a quien recibió San Pedro”. El capellán José María Ferrer leyó textos espirituales escritos por Isabel que forman parte de la biografía personal, en sobre cerrado hasta después de su muerte. A la antigua abadesa se le despidió con aplausos en el cementerio que tienen las religiosas en el interior del recinto
Isabel, en la última entrevista que facilitó con motivo del relevo, manifestó también “la necesidad de descansar y tengo la sensación de estar muy satisfecha porque la nueva abadesa ha crecido a mi lado y se ha formado conmigo. Se ha forjado aquí en el día a día”. En aquella ocasión se refirió al obispo Ángel como “una figura espiritual que te hace estar como en el cielo. De sus palabras se sacan conclusiones maravillosas”.




