De no ser por la necesidad de agua por la sequía que asola a la provincia, el de ayer hubiera sido un día redondo para degustar los sabrosos crespillos, postre típico del Somontano y de otras comarcas aragonesas elaborado a base de borraja, levadura, harina, anís, ralladura de limón o naranja y azúcar, entre otros condimentos.
Un sol radiante invitó a los barbastrenses y personas de otros puntos de Aragón a tomar la plaza del Mercado donde diez hornillos de vecinos y colectivos de Barbastro y la comarca cocinaron alrededor de 11.000 crespillos de borraja y espinacas.
Esta fiesta gastronómica y ritual del campo alcanzaba la XIX edición desde que el grupo Tradiciones decidiera convertir una costumbre propia de las casas de hortelanos y labradores en una celebración abierta a todo el mundo.
En los preparativos de esta fiesta participaron unas 80 personas de barrios, colectivos como Cruz Roja, vecinos de Buera y Colungo, amas de casa, usuarios y consumidores, comerciantes, la peña Taurina, el alcalde socialista Antonio Cosculluela y los concejales Ángel Solana (PP) y Javier Betorz (PAR), que también estuvieron cocinando los crespillos. También hubo cocineras expertas como Jobita Pardinilla o Rosano Solorzano y también tres generaciones en torno a los fogones.
El alcalde de Barbastro destacaba el impulso que tiene esta feria año tras año a pesar de las inclemencias climatológicas. «La gente se ha volcado y aquí estamos haciendo crespillos, es una tradición muy enraizada en nuestra ciudad y con una verdura tan buena y nuestra como es la borraja», afirmaba Cosculluela, un habitual de esta cita.
Este postre es muy tradicional y genuino de comarcas como Somontano, La Hoya, el Pirineo o las Cinco Villas. La tradición cuenta que estos postres se realizaban el día de la Encarnación de la Virgen, con el deseo de que las oliveras se quedaran preñadas y dieran su fruto nueve meses después, en Navidad.
Coll, uno de los habituales cocineros, destacaba «el carácter grupal de esta fiesta. Tiene la virtud de unir a la gente, por eso tienen más éxito las agrupaciones momentáneas de la gente más que las organizadas por las asociaciones. Todos tenemos ganas de venir una vez al año y hacer una cosa maravillosa porque juntas a la gente y ésta habla, algo tan necesario en una sociedad autista como la nuestra».
Para este gastrónomo la tradición de elaborar crespillos en esta época no deja de ser una manifestación ancestral de «celebración de la primavera y de la emergencia de las fuerzas de la naturaleza. Se dice que se realizaba para que se quedaran preñadas las oliveras, pero en realidad es una fiesta estacional del equinoccio de la primavera. Ahora es cuando se queda preñada la virgen y cuando empiezan a salir las flores en la naturaleza y son fiestas que se han venido celebrando desde el principio de la Humanidad. Nosotros no inventamos nada, solo mantenemos y eso tiene una gran misión a efectos de cohesión social y de autoestima, sobre todo en estos tiempos de crisis».
Una de las novedades de este año ha sido la presencia de voluntarios de Cruz Roja y la elaboración de crespillos para celíacos realizados por la asociación de comerciantes con una harina específica.
Elita Davias, responsable del grupo Tradiciones, destacaba la buena predisposición de todos los colaboradores de esta fiesta en un año «complicado» para recoger borrajas dada la ausencia de lluvias. «Ha habido muchas heladas que han dejado el campo raso y no ha habido aguas. Hemos tenido que ir a buscar borrajas por otros pueblos y también hemos tenido que coger espinacas por si no había suficiente borrajas». Para Davias el éxito de esta fiesta está en «el entusiasmo personal y la ilusión que transmitimos. Pero sobre todo la buena colaboración de la gente».
Crespillo Rico
Uno de los invitados de excepción fue el pamplonés Francisco Crespillo Rico, que ya el año pasado quiso conocer esta feria tan singular que coincide con su apellido. Francisco cumplió su promesa de repetir y traer a su mujer e hijo para conocer esta fiesta. «Los crespillos están muy ricos y la gente de Barbastro es estupenda. He venido con una bolsa de hojas borrajas porque me dijo Elita que había pocas matas», aseguraba mientras degustaba este postre.
Cofradía de la borraja y el crespillo
Esta fiesta sirvió para presentar en sociedad a la cofradía gastronómica de la Borraja y el Crespillo, integrada por un grupo de gastrónomos y empresarios agroalimentarios aragoneses que se han propuesto promocionar esta verdura fuera de Aragón. «Esta es la fiesta más significativas relacionada con la borraja y probablemente una de las más fiestas gastronómicas más interesantes de Aragón. Ha sabido aunar tres aspectos muy importantes: es una fiesta popular en la que hasta el alcalde hace crespillos y la gente cocina y reparte crespilos, vincula perfectamente el aceite, la tierra y la tradición como la virgen crespillera para que se preñen las oliveras, y es una promoción en el exterior», afirmó José Miguel Martínez Urtasún, periodista gastronómico y propulsor de esta cofradía.
Para Urtasun el crespillo está muy popularizado en el norte de Aragón «pero tenemos que ir conquistando el sur y el valle del Ebro». Al igual que plantea la promoción de la borraja en España «porque la borraja la consumimos en Navarra, La Rioja y Aragón y en Madrid la asocian con Navarra, a pesar de que el 95% de la producción es aragonesa».
Para el año que viene, esta cofradía se ha comprometido a acudir con un autobús desde diversos rincones de Aragón a esta fiesta.


