Sólo desde el convencimiento de estar ante la obra de un reconocido artista se puede entender la presencia durante años del grafiti estampado en la fachada del local situado entre las calles Escolapios y Martínez Vargas.
La pintada, cuya imagen se reproduce al inicio de este texto, carece de todo valor artístico, con trazos carentes de calidad y un estilo irregular de aficionado. Viene acompañada además por un poema, presumiblemente del mismo autor, que “elogia” las virtudes del compost orgánico y que actúa como título de la obra.
Nuestro talentoso grafitero ha tenido la fortuna de contar con la atención del público. Su obra pictórica ha llegado hasta nuestros días conservando todas sus cualidades intactas: con todo el color original de sus líneas, sin rastro de desgaste y mostrándose orgullosa a todas aquellas personas que pasean por la calle San Ramón, se dirigen desde la plaza del Mercado hacia la Catedral o cogen un capazo en la plazoleta de la Frutería del Vero. Vamos, en misma periferia de la ciudad.
Bromas aparte, esta pintada, visible desde el eje comercial y peatonal más importante de Barbastro, desmiente la pretensión municipal de hacer de nuestra ciudad un destino medianamente turístico (y enteramente civilizado) ¿Se imaginan una porquería así en Alquézar de camino a la Colegiata? Resultaría chocante y fuera de lugar. Una guarrada. Le faltaría tiempo al propietario de la pared vejada o al operario del ayuntamiento para hacer desaparecer la pintada de la vista de la gente, no fuera a ser que algún turista pudiera llevarse una mala impresión de la visita al pueblo. Y es que Alquézar es mucho Alquézar pero Barbastro es poco Barbastro.
En Huesca han encontrado la solución al problema de los grafitis de una manera original y revolucionaria: haciendo política. Han cogido una ordenanza, que es la “ley” que tienen las ciudades, y han incluido la obligación de tener los locales vacíos siempre limpios. Desde hace un par de años el ayuntamiento oscense obliga a los propietarios de los inmuebles a eliminar las pintadas y la cartelería de las fachadas visibles desde la vía pública. Obviamente, también se denuncia a quienes ensucian las paredes, que son los que acaban pagando (pasta) por sus actos. Y es así de fácil, con la ley en la mano, es como llega la limpieza a las calles.





1 comentario
Es cierto que deberían mejorar la obra, con más colorido, pero al margen de cualquier valoración estética es imposible no apreciar esta obra de arte callejero por su profundidad y espontaneidad.