Ronda Somontano: Si no ha tenido maestros ¿cómo aprendió a crear pasatiempos?
Carmina Martínez: Compraba revistas de pasatiempos variados y analizaba cómo los habrían creado.
R.S.: ¿Es complicada la tarea de montar crucigramas?
M.: Ahora para mí es como coser y cantar, puedo buscar palabras en Internet. Cuando empecé era un trabajo de chinos encontrar en el diccionario y enciclopedias las palabras que encajaran. A veces, por poner un ejemplo, debía conseguir una palabra de 5 letras que comenzara por “v”, terminara en “e” y que —para poderla cruzar con la vertical— llevase una “r” en medio.
R.S.: ¿Son suyos los diseños de las cuadrículas donde introducir las palabras?
M.: Sí. Hubo un tiempo en el que, como me gusta hacerlos simétricos, utilizaba el esquema de una famosa revista que por aquel entonces los montaba así, pero luego decidí hacer mis propias composiciones. Tengo varios modelos impresos donde encajo, a lapicero, las palabras.
R.S.: Creo que en sus pasatiempos siempre aparece algún pueblo oscense.
C.M.: En algunos incluso he llegado a poner varios. También aparecen valles, montañas, ríos y otros temas relacionados con nuestra provincia.
R.S.: Rizando el rizo también monta crucigramas “personalizados”.
C.M.: Son mi delirio, me encanta sorprender a alguna persona con palabras que no están relacionadas con ella pero que, una vez resuelto el crucigrama, compruebe que aparece su nombre, sus apellidos, su pueblo, el nombre de su cónyuge, el de sus hijos, el de sus nietos, su profesión, su horóscopo, su hobby, etc. Disfruto muchísimo imaginando la cara que pondrá al verse reflejada en ese crucigrama.
R.S.: Debe de ser complicado crear ese tipo de pasatiempos.
C.M.: No me importa, para mí es todo un reto y me encanta realizarlos.
R.S.: Además, también escribe novelas.
C.M.: Novelas y relatos, precisamente lo primero que he publicado, en Gráficas Editores, ha sido una historia que, según creo, ha emocionado a las personas que la han leído.
R.S.: ¿Se refiere a ‘La huellas de las tejas’?
C.M.: Sí, es el relato de la vida que viví junto a mis padres mientras ellos seguían luchando por mantener vivo el oficio de tejero. Pero era el tiempo de la posguerra y se hacían pocas casas en los pueblos en que vivimos, así que tuvimos que abandonar y cerrar para siempre las tejerías de Algar de Mesa, Villel de Mesa, Mochales, y, más tarde, tras vivir en Monzón donde mi padre trabajó en la cerámica de Visa, cerramos también la tejería de Barbastro y la de Abiego.
R.S.: El libro también contiene poesías.
C.M.: Una de mis facetas es la de la poesía, y sí, he incluido alguna relacionada con aquellos tiempos y otras más recientes.
S.: ¿De qué trata su otro libro ‘Fingida corrupción’?
M.: Es una novela de género negro que comienza en el camino de la Boquera donde a Pilar, la protagonista, le disparan con intención de acabar con su vida. Huyendo de sus perseguidores recorre varios lugares de Aragón y Guadalajara. Finalmente acaba en Suiza donde le suceden cosas terribles.
S.: ¿Por qué quieren matar a la protagonista?
M.: Eso tendrá que descubrirlo el lector. Puedo adelantar que a Pilar se le complican las cosas cuando tras retomarse las propuestas para crear el túnel Benasque-Luchón, interrumpidas por la pandemia del covid-19, sugiere hacer otro túnel que atraviese el Congosto del Ventamillo, ya que piensa que de lo contrario, a partir de Benasque, la carretera se convertiría en un verdadero cuello de botella.
S: Si hace esa propuesta será porque Pilar tiene algún cargo político
M.: No quiero desvelar nada más sobre la novela, es el lector quién ha de descubrir el meollo de la intriga. Puedo contar que la protagonista no es de ningún color político y que su partido ideal sería aquel que supiera aplaudir y apoyar las buenas ideas de sus contrincantes. Piensa Pilar que los políticos deberían pensar más en el bien de España que en el de su propio partido.
S.: ¿Cómo le llegó la inspiración literaria?
M.: Quienes hayan leído ‘Las huellas de las tejas’ podrán despejar esa duda. En el libro cuento que en Abiego —debido a que apenas podía salir a la calle porque tenía que hacerme cargo de mi hermana Mariví, que todavía no andaba—, comencé a desarrollar mi imaginación creando un cuento infantil que todavía recuerdo. Esa historia fue el embrión que me ha llevado a escribir novelas.


