Mi periplo comenzó cuando el lunes pasado fui a la farmacia a comprar los medicamentos que tengo activados en la tarjeta sanitaria y estaban caducados. Entonces empecé a llamar al ambulatorio para renovarlos.
Estuve llamando continuamente a lo largo de la mañana del mismo lunes, martes y el miércoles. Días que pasé pegado al teléfono tratando que me cogieran la llamada pero no hubo forma.
En una de esas veces y ante mi desesperación por la imposibilidad de contactar con el centro de salud llamé a otro número que resultó ser el de urgencias donde la persona que me atendió lo único que hizo fue enfadarse y echarme un sermón por haber llamado a urgencias en lugar de darme una solución. Siendo que si no conseguía las recetas mi dolencia llegaría a ser una urgencia médica.
Por fin el jueves pasado conseguí hablar con el centro de salud y me aseguraron que me activarían de nuevo las recetas electrónicas y que al día siguiente las podría recoger en la farmacia. Cuál fue mi desesperación cuando en la farmacia el viernes me dijeron que seguían sin actualizar. Menos mal que muy amablemente me adelantaron los medicamentos porque ya no tenía.
Finalmente este lunes, tras estar toda la mañana llamando, conseguí que me cogieran el teléfono y volví a solicitar por favor que me activaran las recetas electrónicas. La persona con la que hablé me comentó que estaban desbordados en recepción y se disculpó por lo que me había ocurrido, asegurándome que me activarían las recetas, como así ha sido finalmente.
He pasado diez días para conseguir la medicación que debo tomar diariamente, ¡Si eso no es una urgencia!




