El aventurero de Montañeros de Aragón de Barbastro Javier Subías acaba de regresar de Finlandia donde ha vuelto a conseguir una nueva gesta para el deporte de aventura: cruzar el helado mar Báltico desde Suecia. En su travesía de alrededor de 150 kms ha estado acompañado por los leridanos Arcadi Clement y Kike Borrás, del Lleida Extrem, con los que volverá a coincidir en la Ultra Trail Guara Somontano en Alquézar.
Pregunta.- ¿Cómo ha sido su regreso? ¿Ha tenido algún tipo de secuela?
Respuesta.- No, sólo que al llegar tu cuerpo ya está aquí desde el primer día pero la cabeza tarda en regresar quince días, sigue un poco allí.
P.- ¿Qué es lo que hace que siga su mente allí?
R.- Es difícil de explicar, hay que sentirlo. Es la misma sensación que puede tener cualquier persona cuando hace un barranco un fin de semana y cuando llega el lunes al trabajo sigue pensando en ello. Es lo mismo pero multiplicado por 100, un chute más gordo.
P.- ¿Cómo fue la aventura?
R.- Ha estado marcada por la suerte. Yo era el más escéptico de los tres aunque la moral y el físico estaban a tope. Conforme más información tenía de lo que íbamos a hacer, de los intentos de cruce fallidos, más escéptico me volvía. Pero una vez allí la moral la tenía a tope y me daba igual llegar o no porque iba a disfrutar. Contactamos con un guía para que nos asesorara con las rutas y las previsiones de hielo. Trazamos una ruta que hubo que variar porque el hielo se había roto y a ello hubo que sumar el mal tiempo, las vías abiertas de agua que había que salvar, al igual que los rompehielos. Pensamos que sin nunca lo había hecho nadie antes por algo sería.
P.- ¿Y una vez en marcha?
R.- La travesía fue dura, nos pegábamos 10 horas sin parar, comiendo y bebiendo sobre la marcha porque de no hacerlo así no llegabas. Íbamos día a día, montando la tienda como en una expedición, hidratándote, derritiendo nieve, recuperando el cuerpo y pensando en el día siguiente a ver si tenías suerte. El primer día nos nevó, el segundo tuvimos tiempos de más de 100 km/h por hora en la cola y el tercer día el tiempo ya mejoró. Ese era el día clave porque cruzábamos dos rutas de rompehielos y tuvimos la suerte de no encontrarlos y conseguimos avanzar bastante. Y el último día nos dimos una paliza gorda porque arrastramos mucha nieve pero llegamos hasta donde había llegado la única expedición que lo había conseguido con esquís, en la frontera con Finlandia.
P.- ¿Cómo consiguieron evitar a los rompehielos?
R.- Trazamos una estrategia de acampar al lado de la ruta del rompehielos. Si teníamos suerte no lo encontraríamos y podríamos cruzar, pero por las informaciones que nos dio el equipo de apoyo nos decían que era una ruta insalvable. Dijimos que si no la conseguíamos cruzar iríamos al puerto de la refinería de petróleo que estaba cerca para cruzarlo por encima y volver al mar. Al llegar a la vía acampamos y vimos pasar el rompehielos. También nos encontramos con dos policías con motonieves que se quedaron alucinados al vernos. Nos dijeron que no podríamos cruzarlos porque la ruta de hielo estaría abierta. Pero tuvimos la fortuna de que esa noche heló más que nunca. Madrugamos y al ver la vía helada nos pegamos el palizón de la muerte, cruzándola sin ningún problema, pensando en la meta. Al llegar a Kemi ya nos esperaba el equipo de apoyo a las cuatro de la tarde con toda una fiesta preparada.
P.- ¿Después de 5 días sobre hielo y alrededor de 150 kilómetros recorridos cuando llegó a meta que sientió?
R.- Se te pasan todos los males, y lo primero que piensas es en los que te han apoyado, la familia, los patrocinadores, los medios de comunicación. Yo realmente disfruto con el camino. Me hubiera dado igual no llegar, porque lo importante es el camino. Una vez que consigues la meta es un premio y un homenaje para la gente.
P.- Haciendo un símil con su pasado alpinista, se puede decir que ha abierto una nueva vía.
R.- Sí pero no lo piensas. No soy muy amigo de etiquetas. Fuimos los primeros pero si me lo hubieran propuesto más tarde y lo hubiera hecho más gente, lo hubiera hecho igual.
P.- En estos cinco días con sus otros dos compañeros seguro que han pensando en alguna nueva aventura.
R.- Concreta no, pero es seguro que en el futuro volveremos a coincidir porque la comunión entre los tres ha sido perfecta. Ha surgido una chispa especial entre los tres que ha quedado ratificada con esta experiencia.
P.- ¿En algún momento pensó en darse la vuelta?
R.- No. Esto es lo que me gusta y si encima sale redondo como ha salido esta vez, … Estar cinco días igual que estuve el año pasado en la Yukon Artic en los bosques de Canadá no tiene precio. Llegarás o no a la meta pero la meta es estar allí desde el primer día.
P.- Tras su experiencia como alpinista en la alta montaña, hace tres años corrió por las arenas del Sahara, el año pasado por los hielos de Alaska y ahora por el helado mar Báltico. A la gente que puede pensar que por qué no busca otros retos deportivos más seguros o accesibles ¿qué le diría?
R.- Esto es una afición para mí y como en la vida una cosa te lleva a la otra. Las sensaciones que tengo yendo a estos sitios las tenía cuando empezaba en el cañón del Vero. Cuando llevo a gente a hacer un barranco les digo que esas sensaciones que tienen son las mismas que yo tengo cuando estoy a 8.000 metros. El peligro no es el mismo pero realmente no lo piensas. Los peligros reales sólo los piensas cuando estás en casa viendo las fotos o cuando alguien te dice que ha pasado algo. Es algo que pasa en todo, en la carretera por ejemplo. Todos tenemos el deseo de hacer estas cosas, otra cosa es atreverte a hacerlas. Yo no me considero un superman, soy una persona normal pero siempre he tenido interés por este tipo de iniciativas y voy a por ellas.


