Teresa y Fede nacen y crecen en un pueblo de Aragón durante la dictadura franquista. En los años ochenta emigran a Barcelona y como todos los jóvenes de su generación pierden el miedo a la policía, a los amigos, a la propia familia, al ridículo e incluso a ellos mismos. Hedonistas, solidarios, triunfadores, contradictorios, nietos o hijos de los españoles que protagonizaron la guerra civil fueron pioneros en la normalización de los nuevos modelos de familia… Pero, ¿supieron levar sus anclas culturales? ¿Al margen del género hay diferencias entre los padres homosexuales y los heterosexuales? ¿Se es más feliz en pareja? ¿Se sobrevaloró el sexo en el siglo xx?
La decisión del Padre es la secuela de la singular novela de Jesús Rodellar El silencio de Custodio. Una historia que nos invita a re exionar sobre la vara de medir o juzgar a los padres, sobre las relaciones, los rumores, las mentiras, la genética… el lugar en el que eliges vivir, el proyecto de vida, el ejemplo como modelo educativo paternofilial… El perdón, el recuerdo, la lealtad, el ego…
Si te gustó El Silencio de Custodio, no puedes perderte este trepidante desenlace, un genuino sel e literario de las madres y los padres sin libro de instrucciones.
Jesús Rodellar Navarra (Pomar, Huesca − 09 – 06 -1961)
Hijo, hermano, primo, sobrino, tío, amigo… Colaborador infatigable.
Lector tenaz y curioso. Bibliotecario proactivo. Facilitador de tertulias y citas literarias, conversador, alegre, cómplice.
Recién estrenado contador de historias falsas como El silencio de Custodio y La decisión del Padre describe lo invisible de una forma tan magistral como arrolladora. Seduce a cualquier lector, al culto y al curioso porque le cuenta la historia como si lo tuviera a su lado e interpreta el tiempo en el que le ha tocado vivir con una solvencia incontestable.
Jesús Rodellar hace Literatura contemporánea en estado puro. Su obra es capaz de cambiar el ideario de la gente. En La decisión del Padre, Rodellar impone su autoridad como narrador oculto y sabelotodo utilizando la tercera persona pero lo hace sin renunciar a un lenguaje directo, próximo y coloquial. Así puede contar desde fuera la acción que sólo él conoce bien mientras nos describe las sensaciones y pensamientos de sus personajes. Unos pro- tagonistas auténticos y reconocibles a los que cuando le conviene deja hablar con voz reconocible, sin orituras ni so sticaciones. Todo verdad mal que le pese a la cción, a quien la realidad siempre supera.
La entrevista
En agosto de 2017 llega a las librerías la nueva novela de Jesús Rodellar La decisión del Padre.
El autor de El silencio de Custodio, primero y ahora de La decisión del Padre, disfruta estrenando cada amanecer en un entorno rural rodeado de olor a campo. Si se pierde habrá que buscarle en París donde declara haberse sentido libre o quizá quiere decir anónimo, o en Madrid, o en Barcelona…Quizá esté escuchando un disco de Aute, o tarareando un hit de Enrique Iglesias a sus petunias, ya que es un apasionado de la jardinería. No aguanta a las personas «chorras», no tiene pelos en la lengua, ni tiene preguntas tabú. Viaja ligero de equipaje, aunque ni siem- pre perdona, ni siempre olvida. En cuanto a las relaciones pre ere ser un montón de gajos que una naranja entera o partida. De risa fácil y conversación cotilla se me antoja como ese amigo leal y próximo al que todos queremos conservar. Pero ni se te ocurra ser radical. Aborrece los extremismos. Él nada a contracorriente pero reconoce que los bordes están más cerca de lo que parece.
Si Jesús Rodellar fuera un personaje de una novela de Jesús Rodellar ¿cómo lo de nirías?
Un tipo contradictorio capaz de dar mucho juego, con ases en la manga y probablemente imprevisible e incalicable. Curioso, apasionado, tenaz, implicado y valiente.
¿Te ha pillado por sorpresa el éxito de tu primera novela El silencio de Custodio?
Sí, aún no me lo creo. Ha sido inesperado. Me divierte escribir. Disfruto contando historias y estoy tremendamente halagado y sorprendido cada vez que un lector me felicita o sencillamente me comenta que le ha gustado mi novela. Sinceramente es una experiencia muy satisfactoria.
¿Por qué crees que El silencio de Custodio gusta tanto a sus lectores?
Quizá ha ocurrido eso que pasa algunas veces en literatura: que por casualidad han coincidido mis inquietudes u obsesiones personales con la necesidad del público por conocer o recordar un pasado reciente y reconocer o des- cubrir en él su propio pasado o el de los suyos. Leer también es una forma de aprender, de recordar, incluso de re exionar… Lo cierto es que la novela engancha, y mis lectores la recomiendan y la prestan. Estoy convencido de que pasará lo mismo con La decisión del Padre. De hecho la he escrito en parte para satisfacer las ganas de saber más de mis lectores (je, je).
En tu primera novela abordas con sutileza e ironía «el silencio» imperante en la sociedad franquista en la que hablar daba miedo sin necesidad de decirlo de forma mani esta ¿Hasta qué punto crees que ese silencio de los supervivientes de la Guerra Civil in uyó en sus hijos, los babyboomers, o sea, en Fede o en Teresa?
Cuando murió Franco yo tenía 14 años por lo cual viví poco ese tiempo. Relato aquella época con sutileza y con ironía, cierto, pero sobretodo con nostalgia, recordando con cariño al niño que habita también en mí.
Cada época tiene sus cosas, buenas y malas. A veces el silencio si no es impuesto es bueno para las personas. Lo que nunca es bueno para nadie es la represión. Viví como adolescente la llegada de la democracia y lo que eso supuso para los jóvenes de entonces. Por eso creo que El silencio de Custodio es tan atractiva para los mi- llennials porque creo que les viene bien entender lo que aquello supuso para sus padres. En cualquier caso mis historias siempre son personales, en ellas doy mucha im- portancia a lo que no cuento, porque los lectores de hoy saben atar cabos.
Tu nueva novela transcurre desde 1990 a 2014 ¿Qué ha cambiado entre padres e hijos en las últimas décadas? Todo ha cambiado mucho entre padres e hijos y a veces no siempre se progresa adecuadamente. Como decía Machado «Todo pasa y todo queda…» (Risas) En cualquier caso los hijos de hoy en día son deseados. Un bien que se puede adquirir gracias a la ciencia y sin necesidad de sexo. Probablemente una de las decisiones más arriesga- das de la sociedad de consumo o del mundo líquido en el que vivimos. No he corrido ese riesgo y por lo tanto soy un mero observador de ese tipo de relaciones. Soy hijo, pero no padre consciente de serlo (Risas)
En tus dos novelas tratas de forma inteligente y realista uno de los temas centrales de la vida y de la literatura: el amor en todas sus acepciones ¿Son tus novelas novelas románticas?
No. No he sido nunca una persona romántica.
Mis novelas hablan de las relaciones personales y cuentan de soslayo, sin evidencia cientí ca, cómo las personas han pasado del temor a la libertad al temor al compromiso. Y de cómo las anclas culturales nos mantienen sujetos a nuestras propias creencias incluso en medio de grandes maremotos emocionales.
En tus novelas el lector tiene la sensación de que no pierde el tiempo. La acción va a toda máquina ¿Crees que esta forma de escribir tan directa, tan a la yugular, es la que crea adicción a tu obra?
Soy un «lecturaholico». Dicen que a escribir se aprende leyendo. Soy de los que creen que al igual que sin lectura no hay cultura, tampoco hay una única cultura, ni mucho menos que la cultura esté solo en los libros.
Además tengo la suerte de trabajar como bibliotecario lo que me permite disponer casi de inmediato de todas las novedades, por lo tanto escribo según las últimas tendencias. Textos directos, coloquiales. Historias que cuento directamente a mis lectores, como si estuviera hablando con ellos. Y parece que esa intimidad, esa proximidad tan mía, está gustando.
La realidad supera siempre a la cción, pero muchos au- tores se quedan cortos para ser creíbles. Parece que tú no tienes miedo a descubrir la realidad de la vida ¿te quedas corto?
Claro. Cortísimo. A los escritores no nos queda otra. La realidad es increíble. Imprevisible. Inimaginable. Fíjate en la ciencia cción. Tiene que disfrazarse de Ciencia y de Ficción y ni aún así cuela. (Risas)
Invento, siempre invento, pero siempre con el freno en la mano. Para no alarmar (Risas)
¿Por qué hay que leer La decisión del Padre?
No hay que leerla, ya que no hay que hacer nada por obligación (Risas) pero si lo hacen habrán hecho una buena inversión.
Las personas que lean La decisión del Padre, saldrán del libro con ideas nuevas. Me gusta pensar que además pa- sarán un buen rato y aprenderán un poquito sobre ser y relacionarse en los últimos años.
¿Tienes algún género favorito?
La novela histórica contemporánea y la costumbrista. Me a cioné a la lectura leyendo a Pérez Galdós, Halma signi ca para mí un antes y un después. Me gusta Delibes, especialmente su novela Los santos inocentes, tam- bién García Márquez en Cien años de soledad…




