María Jesús Fuentes, profesora licenciada en Filología Hispánica que acaba de pronunciar, hace unos días, su discurso de ingreso a la Academia de Córdoba tiene, entre otros muchos aciertos literarios, el de haber construido un libro de poemas donde cada página impar representa la voz de uno de los miembros de reconocidas parejas (Ulises y Penélope, Romeo y Julieta, Óscar Wilde y Alfred) y cada página par la del otro miembro. Sus historias de amor, actualizadas por el verbo poético de Fuentes en Al hilván que traza la luna (Hiperión 2023), han atravesado la historia y, si bien la mayoría de las parejas proceden de la tradición literaria, otras remiten a la cotidianeidad (muñeca y muñeco, por ejemplo) o a figuras prototípicas de cualquier momento, como la prostituta y su cliente.
Febrero, reconocido ya universalmente como “el mes del amor” gracias a la celebración del Día de los Enamorados que coincide con San Valentín, se prestaba a esta lectura de románticas parejas revisadas. Y, entre ellas, la figura femenina de la prostituta adquiere particular relevancia sobre todo a partir de las postrimerías del siglo XIX, cuando comenzará a analizarse en clave ideológica, como símbolo de la corrupción moral de una sociedad con economía de mercado, pues la mujer “vende su cuerpo” de modo similar a como el trabajador “vende su alma” cuando se pliega al capitalismo. María Jesús Fuentes se emplea a fondo en su crítica social precisamente a través de la figura de una prostituta de nuestros días, y aquí les dejo el poema que lo constata:
No soy de nadie.
Visito a domicilio y atiendo en habitaciones.
Nunca estuve en una esquina
ni salí a la hostil acera de los parques.
Estudio de día y parezco una de las otras.
Pero no lo soy.
Las babosas lenguas de abogados, ministros,
jueces y empresarios,
se clavan como agujas de cieno
y me permiten ver lo que son:
cómo viven, qué sienten,
cuánto mienten, cuánto pagan,
y a qué recurren.
A mí.
Aquí puedes leer otros artículos de Susana Diez de la Cortina





