La Asociación Familias contra las Drogas del Somontano manifiesta su malestar por la «escasa sensibilidad, que una vez más, ha prevalecido en las fiestas de Barbastro y por tanto en sus responsables», hacia el problema que supone el consumo de alcohol, especialmente entre los menores de edad.
Según este colectivo, las pasadas fiestas de septiembre han vuelto a confirmar la identidad «fiesta-alcohol» que se ha instalado en ellas desde hace varios años. La cabalgata del día 4 de septiembre tiene «como cola de cometa una nutrida asistencia de adolescentes, cada año más jóvenes, que bañados y sudados en alcohol, sellan una mojada rúbrica a lo que antaño fuera la honrosa tarjeta de presentación de la ciudad de Barbastro a los turistas y visitantes que nos visitaban en fiestas».
Sus críticas también se centran en el chupinazo, momento en el que estallar la fiesta en la plaza del Ayuntamiento. «En los momentos previos al lanzamiento del cohete anunciador, se llena de jóvenes y otros con aspecto cada año más infantil, que compiten empapados en vino que lanzan con máquinas de sulfatar, pistolas de agua, bolsas, etc., sin ningún respeto a los transeúntes que acuden curiosos, cada vez más lejos, al simbólico lanzamiento del chupinazo. El decadente espectáculo, que tiene poco de festivo, transcurre aparentemente sin que los padres lo corrijan ni las autoridades lo impidan», afirman desde este colectivo.
El alcohol es una droga cuyos efectos sobre la salud física y síquica, en altas dosis, son muy dañinos y entre los adolescentes mucho más, recuerdan desde la asociación. Y ponen como contraposición a las fiestas de Barbastro el Festival del Vino del Somontano, por transcurrir con un consumo moderado y respetuoso, que demuestra «que es posible la, sana diversión y la fiesta alegre, sin necesidad del abuso del alcohol y borracheras públicas».
«Lamentablemente con las fiestas de septiembre no ocurre así, y desde esta Asociación queremos pedir a los padres y autoridades que tomen medidas, aunque no sean «populares».
Pues la excusa de que este consumo inmoderado de alcohol se haya convertido en costumbre, no impide que intentemos corregirla y luchar por mejorarla o erradicarla. Es una obligación que no nos cansaremos de exigir porque es nuestro deber», afirman en un comunicado.


