Para Jack, un niño de 5 años, La habitación, un habitáculo cerrado con una única entrada de luz, la Claraboya, no sólo es su mundo, sino el único mundo que existe.
En el mundo de Jack, HABITACIÓN, hay también otras cosas, Mecedora, Tele, Alfombra, Armario, Mesa…Todas ellas sutilmente escritas con mayúsculas.
Room nos cuenta la escalofriante historia, si escalofriante sin necesidad de hacerte sentir miedo, o tal vez sí, del secuestro de Mamá y Jack, fruto de las continuas violaciones de su secuestrador.
Mamá, que lleva siete años confinada en esa habitación se las ingenia para hacer un mundo feliz para Jack pese a las terribles circunstancias: hacen la comida, leen, inventan diferentes juegos, hacen crecer la Fortaleza a base de rollos de papel higiénico, incluso hacen la gimnasia diaria sin poder salir al exterior. Un asombroso derroche de imaginación de Mamá para hacer feliz a un niño que cree que el mundo exterior solo existe en la tele.
¿Cómo se vive entre cuatro paredes?¿Cómo ve la vida un niño que apenas tiene a su disposición un par de libros y un coche de juguete?¿De dónde sacas fuerzas para esconder la realidad a un hijo sólo por verlo crecer feliz? ¿En qué momento debes enfrentarlo a aceptar esa realidad?
Contada en primera persona por Jack, con toda la ingenuidad y la inocencia de un niño, la historia de La habitación, conmueve y enternece hasta el límite que, pese a crudo de los hechos que relata, Jack consigue arrancarte alguna sonrisa.
El libro no es una obra maestra, pero es de lectura fácil y nos muestra el lado más inocente de la infancia, la maldad del ser humano, el instinto de supervivencia y el amor infinito de una madre hacia su hijo.
La recomiendo segura de que es una lectura de que a más de uno gustará.
Fragmento de la novela
“Hoy tengo cinco años. Anoche cuando me fui a dormir al Armario tenía cuatro, pero al despertarme en la Cama, aún oscuro, ya había cumplido cinco, abracadabra. Antes de eso tenía tres, luego dos, luego uno y luego cero.
—Y antes, ¿tuve años de menos?
—¿Mmm? —Mamá se despereza estirando todo el cuerpo.
—En el Cielo. Si tenía menos uno, menos dos, menos tres…
—No, los números no empezaron hasta que bajaste volando a toda pastilla.
—Y entré por la Claraboya. Estabas muy triste hasta que de repente aparecí en tu barriga.
—Tú lo has dicho —Mamá se incorpora y se asoma un poco de la Cama para encender la Lámpara, que lo baña todo de luz, zassssssss.
Cierro los ojos justo a tiempo, y luego abro uno sólo una rendija, y después los abro los dos.
—Lloré hasta que no me quedaron lágrimas —dice—. Pasaba el tiempo tumbada, contando los segundos.
—¿Cuántos segundos? —pregunto.
—Millones y millones.
—No, pero ¿cuántos exactamente?
—Perdí la cuenta —dice Mamá.
—Y entonces deseaste con todas tus fuerzas que te creciera un huevo, hasta que te pusiste gorda.”
Donoghue, Emma. “La Habitación.”




