La percepción del cambio climático
La sensibilización actual ante el cambio climático hace que la mayoría de las personas, en las que va calando este mensaje, asienten de modo general, por la simple observación de la climatología local. Es cierto que la memoria de quienes tienen ya cierta edad, les remite a épocas en las que lo normal era otra cosa. Los inviernos eran más fríos y prolongados, había nevadas más frecuentes, en algunas zonas las nieblas eran persistentes, en los veranos el calor llegaba más tarde, se terminaba antes y las temperaturas máximas y mínimas no eran tan elevadas, los fenómenos meteorológicos no eran tan extremos y otras apreciaciones similares.
En fin, los recuerdos pueden ser muy variados y la memoria es, a veces imprecisa. Pero más allá del recuerdo personal, se acepta cada vez más abiertamente el diagnóstico de numerosas instituciones científicas internacionales que con una abundancia extraordinaria de mediciones y referencias, concluyen que el comportamiento del clima está experimentando un cambio global, de características planetarias, y causado por la mano del hombre, como consecuencia de un desenfocado afan de progreso a toda costa, aunque sea a costa de un desequilibrio del habitat. En la situación actual, consideran que realmente habría que hablar ya de emergencia climática.
En la causa de ese desequilibrio se encuentra un factor esencial que es la emisión de gases de efecto invernadero (GEI).
Los GEI incluyen diversos gases (dióxido de carbono, metano, oxido nitroso, gases frigoríficos, compuestos orgánicos volátiles (COV[1]), etc.) unos más contaminantes que otros, pero que para simplificar el calculo se transforman todos en toneladas equivalentes de CO2. Su efecto se ha denominado huella de carbono. Ellos son los responsables del aumento de la temperatura global del planeta. En el esquema adjunto se indican las proporciones aproximadas en que se emite cada uno.
Hasta aquí, todo parece comprensible. Se trata de la compleja evolución de unos hechos, en los que el común de los ciudadanos juzga que no tiene culpa. Más bien se encuentra como victima de la falta de coherencia de gobernantes que imponen sus políticas contaminantes y no están dispuestos a adoptar las medidas correctoras que la comunidad científica internacional propone y exige, si no se quiere llegar a una situación irreversible.
Una aportación de bajo coste: calcule su huella de carbono
Sin embargo, como siempre, las quejas rara vez van acompañadas de comportamientos solidarios eficaces. La pasividad y la ignorancia van de la mano. En este caso, sin embargo, hay una medida al alcance de todos que, si bien por sí misma no representa una solución, sirve para tomar conciencia del lugar que cada cual ocupa en este mundo que todos contribuimos a contaminar.
Me refiero al calculo de la huella de carbono. Es un índice de la potencial contribución de cada uno al cambio climático. Hace ya mucho tiempo que se vienen haciendo cálculos de la huella de carbono, en particular de los sectores más contaminantes.
No es un procedimiento complicado pues el MITECO (Ministerio para la Transición Ecológica) facilita las instrucciones y medios de cálculo en su pagina web[2], a la vez que ha creado un registro voluntario de la huella de carbono para todas las organizaciones que lo deseen. Fundamentalmente se requiere disponer de datos fiables sobre el consumo anual de combustibles fósiles, de electricidad y fugas de gases frigoríficos. El cálculo y registro anual de la huella permite tener un plan de medidas de reducción y de compensación. El MITECO ha creado un sello distintivo para las organizaciones que registran su huella.
Es lógico pensar que, a estas alturas deberían ser muchas las empresas y organizaciones que tuviesen ya registrado su huella y contasen con un plan anual de control. Sin embargo, consultando los datos en la web del MITECO, resulta que a fecha 29-07-2019 únicamente hay 927 organizaciones que calculan y registran su huella a nivel nacional. SE incluyen aquí, empresas de diversos sectores: industrial, servicios, comercias, hostelería; centros sanitarios, universidades, ayuntamientos, ministerios, asociaciones, etc. de tamaños muy diversos.
Fijándonos en Aragón, son solo 60 las entidades registradas. Entre ellas se puede destacar positivamente que 11 son instituciones educativas como la Universidad de Zaragoza y la Universidad San Jorge. La Diputación General de Aragón registró la huella de carbono en 2014, 2016 y 2017. Llama la atención, sin embargo el escasísimo número de Ayuntamientos que han registrado su huella de carbono: únicamente figuran -y con algún año sin registrar) el Ayuntamiento de Zaragoza (2013, 2016 y 2017), el Ayuntamiento de Utebo (2015) y el Ayuntamiento de Monzón (2015).
En Huesca el IES Pirineos de Jaca ha registrado la huella de 2018 y en el Somontano de Barbastro, salvo error, únicamente hay una entidad, la Asociación Cultural Sobrarbe (que gestiona las instalaciones y albergue juvenil de El Poblado), que figura en el registro con el cálculo de huella de carbono de 2017 y 2018.
La pobreza de los datos demuestra que, aunque quizá en algún caso falte interés, la mayoría de las veces lo que hay es ignorancia. Falta la ayuda de una campaña permanente de sensibilización que ponga de manifiesto la simplicidad de este cálculo y registro, y la utilidad práctica que tiene saber cuanto se gasta para poder empezar a ahorrar.
Sería de agradecer que dieran ejemplo en primer lugar la administración pública; por ejemplo los ministerios, ayuntamientos y comarcas; los centros educativos; los establecimientos sanitarios, la enorme cantidad de inmuebles de oficinas dependientes de los distintos ministerios, gobiernos autonómicos, diputaciones provinciales; sedes de la AEAT, de la Tesorería de la Seguridad Social; de las confederaciones hidrográficas; centros culturales, museos, etc. La lista sería interminable. Es cierto que una industria cementera, una siderurgia, una refinería tienen huellas de carbono enormes, en comparación con un ayuntamiento (inmuebles y vehículos). Pero tiene un gran valor ejemplificante que los que legislan y gobiernan vayan por delante de los ciudadanos. Y que estos no se queden parados sino que vayan detrás o incluso por delante: por ejemplo sería muy deseable que cada comunidad de vecinos hiciese su calculo anual de huella de carbono.
[1] http://bionaturbiotech.com/depuración-gases/covs
[2] https://www.miteco.gob.es/es/cambio-climatico/temas/mitigacion-politicas-y-medidas/registro-huella.aspx


