La asociación cultural O Coronazo de Radiquero ha sabido convertir una tradición tan arraigada en la cuenca del río Vero en la Noche de las Ánimas en un producto de turismo cultural que genera valor en la comarca del Somontano, concretamente en el entorno de Guara.
Hace diez años esta asociación quiso reivindicar las tradiciones propias frente a la invasión de la fiesta de Halloween, importada en Norteamérica por los inmigrantes irlandeses y que desde la primera potencial mundial se está exportando a todo el globo en detrimento de celebraciones autóctonas y milenarias de cada región. Con un gesto de reafirmación de la cultura popular autóctona y frente al cada vez más globalizado Halloween, desde Radiquero quisieron rescatar la tradición de realizar candiles con calabazas y colocarlas a lo largo del pueblo en dirección al cementerio para, según la cultura popular, iluminar el camino de las almas de los muertos hacia el campo santo para que descansen en paz. Los niños aprovechaban sus lámparas hechas con calabazas para asustar a los vecinos y a los coches que recorrían el eje del Vero, ya que esta tradición no sólo es propia de Radiquiero si no de las poblaciones cercanas como Alquézar, Huerta, Pozán o Castillazuelo.
Algo similar se sigue realizando en esta población de la sierra de Guara y perteneciente al municipio de Alquézar en la jornada de la Noche de las Ánimas que se celebró ayer con gran respuesta de público.
Las actividades comenzaron a primera hora de la tarde con un taller de calaveras hechas con calabacines, talleres de chapas y elaboración de ‘almetas’ con papiroflexia. Este año como novedad los visitantes pudieron recorrer los rincones misteriosos del pueblo donde encontrarse con ánimas, abuelas que asaban castañas o almendras, y otros personajes del pueblo. Al caer la noche se repartió chocolate y después las velas que se encendieron dentro de las calabazas para alumbrar los discursos de dos ancianos, Doña Severa (la cuentacuentos Sandra Aragüas) y Don Hipólito (Nacho Pardinilla, de la asociación O Coronazo) que narraron desde el balcón de Casa Piquero cómo se celebra esta festividad en épocas pasadas. Al terminar su coloquio, los asistentes y vecinos del pueblo emprendieron la ‘Triste comitiva’ de camino al cementerio y acompañados por las ‘almetas’ y ‘totones’, ánimas dentro del folclore local.
Y como en ediciones pasadas, Sandra Aragüas bajó el telón a esta noche mágica con unos cuentos de la muerte en la iglesia parroquial.
Buena ocupación hotelera
Cada vez esta fiesta es más seguida por el público. En sus orígenes, acudían vecinos del Somontano e hijos de Radiquero que viven fuera, en Zaragoza o en Cataluña, y que aprovechaban la jornada de fiesta para regresar al pueblo. Pero cada año aumenta el número de asistentes. Ayer se dieron cita alrededor de seiscientos niños y adultos llegados de buena parte del Alto Aragón, Zaragoza, Cataluña y otras comunidades como La Rioja. Este aumento de visitantes ha originado una gran ocupación hotelera en la zona y de hecho este puente en Alquézar todos los establecimientos presentaban un lleno total.
«Hay que romper con el mito de que esto es Halloween. En realidad es una fiesta que nuestros bisabuelos siempre celebraban. El sentido ha sido siempre el mismo, iluminar a las almas de los difuntos con las calabazas para que lleguen al cementerio. Además hemos conseguid convertir esta actividad en un producto turístico», afirmaba Nacho Pardinilla, uno de los activos organizadores.

