Decía Gabriel Celaya: “La poesía es un arma cargada de futuro”.
Este año en el Día Internacional de la Poesía, quisiera apuntar con esta arma al pecho de muchas personas y poder convertir estos tiempos de acción en momentos de contemplación, tan necesarios cuando la violencia afecta absolutamente a todo. Necesitamos creer en los poetas, esos guardianes de la palabra, que nos ayudan en momentos convulsos a encontrar la paz y la conciliación. Ojalá los políticos y gobernantes del mundo no se cegaran con su ambición y establecieran acuerdos y puentes, siendo un referente de cambio del presente. Ojalá los versos de tantos poetas sirvan para desafiar el poder, inspirar a las masas y mantener viva la esperanza en medio de la adversidad.
Introduzco tres maravillosas estrofas del poema de Celaya cuyo título aparece en la primera línea de este texto.
Tal es mi poesía: poesía-herramienta
a la vez que latido de lo unánime y ciego.
Tal es, arma cargada de futuro expansivo
con que te apunto al pecho.No es una poesía gota a gota pensada.
No es un bello producto. No es un fruto perfecto.
Es algo como el aire que todos respiramos
y es el canto que espacia cuanto dentro llevamos.Son palabras que todos repetimos sintiendo
como nuestras, y vuelan. Son más que lo mentado.
Son lo más necesario: lo que no tiene nombre.
Son gritos en el cielo, y en la tierra son actos.
Estos versos tienen una capacidad única para condensar emociones con un lenguaje simple y profundo. Cuando muchas voces son pasadas por alto intencionadamente, la poesía emerge con una energía que parece discreta y, a la vez, tremendamente poderosa.
Nuestro mundo parece desmoronarse; sin embargo, acudir a la poesía es un faro de esperanza. Entre sus líneas siempre podemos leer que la humanidad persiste, que la verdad no puede ser silenciada y que, incluso en los peores momentos, la belleza y la justicia pueden florecer.
Acabo con una cita de este gran maestro de la “poesía comprometida” o poesía social. Espero que las palabras de este obrero del verso, como él se consideraba, sirvan para devolvernos a un mundo más solidario y mejor.
“Cantemos como quien respira. Hablemos de lo que cada día nos ocupa. Nada de lo humano debe quedar fuera de nuestra obra. En el poema debe haber barro, con perdón de los poetas “poetísimos”. La poesía no es un fin en sí. La poesía es un instrumento, entre otros, para transformar el mundo.”
Aquí puedes leer otros artículos de Gema Abad



