Matilde Puyol Guillén cumple este simbólico viernes 11-11-2011 los cien años de vida. Guapa, con una memoria privilegiada y con una salud que la respeta se muestra «muy contenta» por haber llegado a esta edad «y por estar con mis hijas, nietos y bisnietos».
La familia más cercana, compuesta por sus dos hijas María y Celia Valdelloy, sus cuatro nietos y sus ocho bisnietos, celebrará con una comida especial su aniversario el sábado en un hotel de esta población mediocinqueña. «Ya casi pierdo la cuenta de los nietos y los bisnietos. Me cuidan demasiado y me llevan en palmetas», afirma con gran humor.
Para esta entrañable yaya, la clave de seguir con ánimo y alcanzar los cien años ha sido «trabajar mucho en el campo y en todos los lados. Teníamos una tienda que vendíamos de todo, y también una lechería y repartía la leche. Una vez casi me mataron las vacas, porque se me puso una encima y casi me ahoga», recuerda con jocosidad.
Matilde llevó, al igual que todos los de su generación, una vida muy dura y sacrificada. Pero sus condiciones empeoraron cuando su madre murió a los 50 años y tuvo que sacar adelante a la familia compuesta por tres hermanos más. Su padre murió a los 65 años y Matilde «siempre decía que nunca se iba a hacer vieja. Fíjate que cosas tiene la vida», apunta su hija María que con Celia se emocionan al recordar las vivencias de su madre.
Cuando se caso a los 21 años, en la catedral de Lérida, ciudad en la que realizó el viaje de novios, trabajó con su marido en el monte «como labradora y hasta vendíamos melones ta Balbastro en la plaza del Mercado con el carro. Había días en los que vendíamos bien y otros mal, de todo un poco».
Matilde también recuerda como al final de la Guerra Civil en esta zona, al volar el ejército republicano el puente de las Pilas en su retirada hubo que dar un rodeo por Monzón para llegar hasta la plaza del Mercado. «Hemos rodado por Monzón, drecho a Castejón ta Balbastro -afirma- pero ahora ya ha pasado todo».
Matilde considera como clave de su longevidad «el haber trabajado mucho y comer de todo».
En su día a día, se levanta sobre «las 10.00 o las 11.00 y me hago la cama, me visto, me lavo, almuerzo y salgo para la calle si hace buen día un trozo. Hago lo que puedo». Entre sus aficiones, el cuidado de las plantas «pero ahora ya no me dejan por miedo a que me caiga, leer el diario todos los días, las letras gordas porque de un ojo no veo, y luego me gusta ver la tele -sobre todo el concurso ‘Atrapa el millón’ – pero no veo cuánto les toca».
En sus cien años «me han tocado tantas cosas buenas y malas» pero de todo significa con cariño a su familia y en especial los niños y bisnietos «que siempre me preguntan si he dormido bien y son muy buenos».
Ayer ya empezó a recibir los primeros regalos de vecinos y hasta de unos familiares franceses «porque mi padre nació en Francia y tenemos mucha familia». Flores y plantas, una de sus pasiones, se amontaban ayer en su casa de Fonz, localidad en la que nació y ha vivido siempre. Y este viernes por la tarde, el Ayuntamiento le rendirá un homenaje y le hará entrega de una placa.
Matilde es la segunda vecina de más edad de Fonz, tras la ‘seña Pilar, la coixa’, una inmigrante andaluza que recaló en esta población hace más de cincuenta años y cuya edad está entre los 104 o los 105 años. Le sigue el popular retratista Santiago Fumaz que el próximo 25 de julio entrará a formar parte del selecto club de los centenarios.




