El 14 de marzo pasará a la historia de nuestra sociedad como el día en que el Gobierno de España aplicó por segunda vez en la historia de la democracia un estado de alarma, mucho más duro que el anterior y que ha cambiado –al menos por dos meses- nuestros hábitos y relaciones. Tampoco olvidarán esa fecha la pareja Óscar Prado y Sonia Gómez, dichosos y felices por ver como llegaba al mundo su hija Lola. En el inicio de un estado de alarma que ha llevado a adoptar medidas drásticas como el confinamiento, a cerrar comercios y a aplicar ERTEs, la vida se abría camino ante tanta muerte provocada por un virus que se ha rebelado más letal de lo esperado cuando se supo de él.
Lola nació el viernes 13 de marzo a las 23:30. Fue el último bebé que vino al mundo antes de la entrada en vigor del estado de alarma en el Hospital de Barbastro. Midió 49 cm y pesó 3,100 kg.
El parto fue natural, la mamá tuvo el paritorio para ella sola, dada la excepcionalidad de la situación. El Hospital había aplazado intervenciones quirúrgicas programadas y prácticamente la actividad médica se centraba en las urgencias, en atender a los ingresos por coronavirus y en el paritorio.
Nuestro compañero en tareas informativas, Óscar, le acompañó en el momento de dar a luz, junto con la matrona Mercedes, la ginecóloga, el celador y una enfermera. “Fue un parto multitudinario. Todos fueron super cariñosos y atentos. Recibimos un excelente trato desde el minuto 1”, recuerda el periodista.
Óscar fue testigo del primer sábado de esta crisis, de cómo el Hospital mudo su aspecto para dejar el trajín de visitas e idas y venidas de enfermos y doctores de los pasillos en un “calma tensa”. Lo peor estaba por llegar. “El fin de semana en el hospital muy tranquilo. Las urgencias estaban prácticamente vacías y teníamos el conocimiento de que todavía no había ningún caso diagnosticado de coronavirus. Era una calma tensa porque se sabía que a partir del lunes el nerviosismo se iba a apoderar el centro hospitalario por lo que podía ocurrir. En planta se escuchaban comentarios del personal en relación a la falta del material de protección.
Salimos el lunes del hospital después de un fin de semana tranquilísimo en la habitación de la tercera planta, la de maternidad, en la que había muy poca actividad y donde el trato del personal sanitario fue exquisito”, cuenta el papa.
Se habían suspendido las visitas así que “nadie vino al Hospital a visitar a nuestra pequeña Lola. Por supuesto ni los amigos ni los hermanos. De momento sólo han conocido a la pequeña su hermana Laura y su tía. Cuando llegamos a casa nos estaban esperando”.
La alegría todavía será mayor cuando Lola pueda reencontrarse con sus abuelos de forma física. “Es lo más duro. Se han tenido que conformar con video llamadas y están deseando que pase todo esto para poder tenerla en sus brazos. De hecho para los abuelos, por parte de padre, es su primera nieta. Sin duda es lo más difícil de este encierro. Pero tenemos que ser todos responsables ya que son mayores y lo importante ahora es que no se expongan a un posible contagio. Cuando todo esto pase, serán los primeros en espachurrar a su nieta”, cuentan sus padres.

