“La vida por estos pueblos ha sido muy provechosa porque he aprendido de sus gentes con quienes hemos caminado juntos durante 45 años hasta que llegamos al final que es una parada en el camino de la vida”… Así se expresó José María Cabrero ante más de 200 personas, entre vecinos, feligreses y amigos que se sumaron al entrañable homenaje social con motivo de la presentación del libro “Vivencias y amores de un cura de pueblo. Elogio del Somontano y del Sobrarbe” publicado por Editorial Pirineo con una tirada inicial de 500 ejemplares. La previsión es de aumento ya que el calendario de presentaciones previstas incluye quince localidades y ciudades, entre ellas Huesca y Barbastro.
El escritor José Antonio Adell cuenta la historia de José María Cabrero Bastarás en 290 páginas entre la introducción, prólogo de Mariano Altemir (alcalde de Alquézar durante 32 años) y Julián Ruiz (obispo de la Diócesis de Huesca y Jaca). Tres partes escritas por José Antonio Adell, la cuarta por Mariano Lisa (alcalde de Santa María de Dulcis), Ignacio Almudévar (empresario de Siétamo) Sheila Ayerbe y María Puértolas (restauradoras Museo Diocesano de Barbastro-Monzón), Antonio y Elena (Casa Valero, Radiquero), José Luis Pano y Ángel Huguet (periodistas). Se completa con una amplia galería de fotos sobre la vida y trayectoria.
El párroco de Alquézar, Radiquero, Buera, Colungo y hasta 21 localidades que se distribuyen entre las comarcas de Somontano y de Sobrarbe, ya tiene el que se denomina “el libro del cura Cabrero” con espacio en los hogares de quienes son feligreses y siempre amigos, hasta el próximo día 4 de septiembre. Fecha en que se cumplirán los designios del obispo Julián Ruiz que le ha trasladado a la Parroquia de San Francisco de Asís (Huesca) y su núcleo Vicién, Buñales, Lascasas, Pompenillo, Taberna de Isuela y Albero Bajo.
El acto celebrado el pasado 29 de julio en el espacio O’Mullón, a pies de la colegiata de Santa María, fue muestra de gratitud vecinal donde intervinieron Ana Blasco, alcaldesa, Mariano Altemir, alcalde durante 32 años y entre los promotores del libro, José Antonio Adell, autor, José Maria Cabrero, protagonista de la historia y desde el público, políticos de etapas anteriores, Marcelino Iglesias, Antonio Cosculluela, Jaime Facerías, y técnicos como José Félix Méndez relacionado con Conservación y Patrimonio con especial incidencia en Alquézar.
Además, vecinos y vecinas espontáneos, entre ellos Isabel Bardají que fue guía de la colegiata de Santa María y Nati Castillo que ha gestionado el supermercado de la localidad, todavía en servicio. Ignacio Almudévar vino desde Siétamo para “adelantar” el homenaje que recibió Cabrero, el pasado 4 de agosto, en su localidad natal, con reconocimiento de Hijo Predilecto y nombre a la pista polideportiva del pueblo.
Las intervenciones inspiradas en la vida de Cabrero tuvieron el contrapunto de jotas alusivas de Paco Lasierra “El Chato” y Fernando Badules con quienes ha coincidió en rondas y actos por los pueblos de su demarcación pastoral durante 45 años desde que el obispo Javier Osés (1977-2001) lo destinó a la zona. El prelado Julián Ruiz, que comparte prólogo del libro con Mariano Altemir, excusó su asistencia en Alquézar donde hubo una representación familiar.
“La conciencia no cambia por destino”
José María Cabrero aún recuerda las palabras del sacerdote y escritor oscense José María Javierre (Lanaja) en su primera misa “has sido elegido del pueblo y al pueblo tienes que volver”… “es una frase de San Pablo y la he cumplido como cura de pueblo”.. Ante su próximo cambio de destino reconoce que “a los curas no es habitual que les dediquen plazas o espacios públicos, tampoco un libro de su vida, o reconocimientos de Hijo Predilecto. Eso queda mejor para santos, papas, cardenales, obispos y escritores entre otros”.
En la misma línea indica que “el traslado a una nueva Parroquia es una decisión del obispo a quien debo obediencia canónica renovada cada año en la misa crismal. A partir del 4 de septiembre, atenderé a los nuevos feligreses con el mismo empeño pastoral que lo hice en esta amplia zona. El nuevo destino no condiciona para nada y la conciencia no cambia tampoco”.
Al cura Cabrero le habría gustado quedarse a vivir en Alquézar, “bueno no ha sido así, pero volveré siempre que sea posible porque dejo muchas puertas abiertas”. El libro sobre su vida lo define en pocas palabras “¡fabuloso! Es un reflejo fiel de las numerosas veces que hemos hablado con el autor durante meses desde que me convenció con más tiempo del que le costó a Mariano que era alcalde”.
En las Fiestas de Alquézar, últimas como párroco, la Comisión decidió darle el protagonismo social añadido para quien ha sido autor de Pregones festivos, cantador de jotas, animador social y cultural, entre otras tareas propias del infatigable “cura Cabrero” en el desarrollo de su labor pastoral. Las 600 camisetas con dedicatoria, “Fiestas en honor a San Hipólito y don José María Cabrero” por delante y “Gracias por tantos años” en el reverso con la imagen serigrafiada del cura párroco desde que llegó a la zona hace 45 años.
Cabrero reconoce que “estas acciones populares no son habituales para un cura” que ha vivido las Fiestas como uno más, autor de pregones, ronda jotera y por encima de todo, “sacerdote fiel”.
La campana en Radiquero y la jota de Rubalcaba
Á. H.
La estima social hacia Cabrero anda entre devoción popular y carisma por el cura párroco con plaza en Radiquero donde los vecinos se la dedicaron en reconocimiento a su labor y trayectoria. Sin que fuera a cambio, un día les regaló una campana porque era necesaria y después les invitó a degustar pastillos y vino en el bar del pueblo. Cabrero está entre los vecinos más populares, con la misma alegría que cuando cantó la jota a Rubalcaba en Casa Pardina -miles de Tracks- o la bendición de tortas en la ermita de San Antón, entre las jotas de Javier Badules y Paco Lasierra con quienes ha compartido mesa y mantel en numerosas ocasiones para celebrar el santo.
Muestras inequívocas, entre otras, de quien se considera “siervo agradecido, orgulloso de ser sacerdote, párroco y servidor de Dios. El cura siempre estará presente en pueblos mientras haya gente”. En conversación distendida con el periodista, “la primera sensación que tengo es de acción de gracias a Dios porque me ha dado la vida, a mis padres, a la Iglesia porque le debo todo y a las gentes de pueblos a quienes sirvo con el ministerio sacerdotal”. Además, “la naturaleza es espléndida en esta zona y por tanto, personas y naturaleza damos gracias a Dios por la vida y lo que somos”.
En más de cuatro décadas de párroco queda tiempo para estar con personas, conocer costumbres y recuperar patrimonio. La Iglesia de su entorno va desde la recóndita capilla de San Martín, en Lecina, hasta la colegiata de Alquézar y sigue por más pueblos. Cabrero encarna el espíritu propio del cura rural, de vida generosa y sacrificada que se desvive por todos, dotado de cualidades como cercanía, proximidad y trabajo abnegado.



