Afirmaba el malogrado etnógrafo oscense Manuel Benito que la Noche de Ánimas «es un hito festivo que marca la fecha límite para que semillas y almas se incorporen al espacio que la Naturaleza les ha asignado: el inframundo. Dice el refrán: el que no siembre en noviembre que no siembre, porque ya no merecerá la pena. Lo mismo ocurre con las almas que tienen el primer día y la primera noche de ese mes para integrarse a los espacios acotados para ellas: los cementerios».
En torno a esta creencia popular que se remonta a los tiempos de los celtas con su ‘Samhain’, fiesta que celebraba el final de las cosechas y el comienzo del año nuevo en la noche del 31 de octubre al 1 de noviembre y que posteriormente derivó con la migración irlandesa a EE.UU en Haloween, la sociedad rural española ha desarrollado una serie de cultos y ritos con la intención de guiar a las almas de los difuntos hacia los campos santos.
Uno de esos ritos es la elaboración de calaveras con calabazas en cuyo interior se coloca una vela y que se distribuyen por el camino hacia el cementerio para así guiar las ‘almetas’ y los ‘totones’ (ánimas) hacia el cementerio. Esta tradición se practicó en la cuenca del Vero -así como en otros lugares del Alto Aragón-, hasta su desaparición en el siglo XX. Pero desde hace ocho años, la asociación cultural O Coronazo de Radiquero se propuso su recuperación convirtiéndola en una simpática actividad para niños y adultos que cada año tiene más auge y atrae a numeroso público procedente de dentro y fuera del Somontano.
La presente edición ha sido un rotundo éxito como valora uno de los impulsores de la recuperación de la Noche de las Ánimas, Pablo Calahorra, ya que a pesar del mal tiempo en Radiquero se reunieron este fin de semana alrededor de medio millar de personas.
El programa de actividades comenzó en la tarde del sábado con un taller sobre brujas impartido por Sandra Araguás, quien habló de las brujas en el Alto Aragón y en los cuentos, así como ofreció varios relatos en torno al fuego.
Ayer por la tarde llegó el acto principal del programa, la elaboración de calaveras con unas 200 calabazas en las que participaron niños y sus padres, y los talleres de velas, chapas y marionetas de almetas. Un chocolate sirvió para caldear el ambiente y a las 19.30 comenzó la ‘Triste comitiva’, una ruta teatralizada por las calles de Radiquero con las calaveras y antorchas hasta el cementerio a lo largo de la cual se explicaron los ritos funerarios del Alto Aragón.
Y mientras las ‘almetas’ trataban de encontrar el campo santo, en la iglesia Sandra Araguás iniciaba el relato de cuentos de miedo, para después dar paso a un convite.
Para Calahorra con esta Noche de Ánimas se quiere reivindicar que «Haloween existe porque existe la Noche de Ánimas, que se celebraba en España y el mundo celta, que emigró a EE.UU y ahora vuelve. Los abuelos de Radiquero elaboraban calaveras con calabazas y no tenían ninguna influencia americana ni habían oído hablar nunca de Haloween»‘.
Calahorra valora que esta actividad ha conseguido atraer un público fiel y otro que lo descubre por primera vez, y así mismo subraya que ha permitido ahondar en las raíces culturales de la población rural, y que gracias a ello los niños de los pueblos de la ribera del Vero están recuperando esta vieja tradición saliendo a la carretera con sus calabazas iluminadas.




