
El paso de La Piedad es uno de los más recientes y genuinos de la Semana Santa de Barbastro, que este año estrena su catalogación de interés turístico nacional. La cofradía del Descendimiento decidió sacar a procesionar en 2008 un nuevo paso, el de La Piedad, y la iniciativa cuajó con gran fervor entre un grupo de mujeres que decidieron portar a la virgen María con su hijo muerto en brazos. Desde entonces, este paso sólo lo portan 18 mujeres. A ellas se suman otras penitentes o de la sección de instrumentos de la cofradía con sede titular en la Catedral de Barbastro.
Desde La Seo partió anoche a las 22.00 después de la oración y unas emotivas palabras dedicadas a la virgen María. Entre aplausos, las mujeres sacaron de la Catedral y con los sonidos de los tambores de fondo a la virgen de La Piedad para recorrer el entorno catedralicio y regresar al templo desde donde volverá a salir el Viernes Santo en la procesión del Santo Entierro.

Gran parte de las mujeres que portan a La Piedad son cofrades debido a lazos familiares con la cofradía del Descendimiento. Es el caso de Teresa Rodrigo, una de las veteranas portantes. Su hijo toca la corneta en la sección de instrumentos de la cofradía y fue él quien la apuntó a llevar el paso de La Piedad. A ellos se unió su hija Raquel que empezó tocando la corneta y ahora porta uno de los faroles. «Estoy desde el primer año y ahora ya se va apuntando gente nueva y tenemos relevo. Procesionamos con mucha ilusión y es algo que representa a las mujeres, no sólo van a llevar los hombres los pasos», afirma Teresa.
Mari Cruz Buil procesiona junto con buena parte de su familia en esta cofradía. «Mis dos hijas y mi joven son portantes, también salen mis cinco nietos. Todos del Entemuro, porque esta es una cofradía muy del barrio», señala.
Patricia Marcén es otra portante que lleva al paso al son que marca su padre, el encargado de dirigir La Piedad. «Mi padre era de la cofradía desde hace mucho tiempo y me hicieron cofrade cuando era pequeña. Empecé de penitente y cuando se creó un paso para las mujeres decidí formar parte de ella. La experiencia es muy gratificante», afirma.

Pero bajo La Piedad también hay historias de superación como la de la levantadora de peso Lola Coscojuela que tras sufrir un aparatoso accidente en moto decidió hacerse portante de este paso. «Para mí es una responsabilidad muy grande y una promesa que hice tras recuperarme del accidente. Me hice costalera de la cofradía más humilde, de la que menos gente tenía y llevo desde 2008 saliendo y cumpliendo», cuenta con emoción.
En la procesión participó el obispo Ángel Pérez que previamente consagró los óleos que se emplearán en los actos litúrgicos a lo largo del año. El obispo elogió figura de la mujer «que es la fuerza motora y anímica en este mundo. Cuanto me gustaría que se valorará la dignidad de esa mujer que realmente está capacitada y tiene tantas potencialidades. La sociedad tiene que dar el reconocimiento que se merece la mujer».


