En Barbastro tenemos un centro especializado en psicología y trabajo social llamado FACIES SALUD PSICOSOCIAL, que ofrece acompañamiento, rehabilitación y apoyo a adolescentes, familias y centros educativos.
Su nombre es un acrónimo de los pilares que definen su labor: Familia, Amistad, Compromiso, Inclusión, Educación y Salud, pero nos hace ilusión pensar que proviene de la palabra latina facies, -ei (“cara, rostro”) y lo conectaremos con personajes de la mitología grecolatina famosos como Proteo y Ulises.
Acabaremos haciendo derivados de la palabra latina, y con una palabra derivada del griego para referirnos a una dura enfermedad.
En la mitología griega Proteo (Πρωτεύς / Prōteús) es un dios marino, hijo de Poseidón y Fénice (o de Océano), cuyo nombre significa “Primero”, “Primordial”, que suele representarse en una carro tirado por un hipocampo o caballito de mar. Tenía el don de profetizar el futuro, aunque para no revelarlo a los mortales, tenía la habilidad de cambiar de forma continuamente.
Quien desease forzarle a predecir el futuro estaba obligado a atraparle en ese momento, pues de hecho tenía el poder de adoptar cualquier forma posible para así evitar la obligación de profetizar, pero cuando veía que sus esfuerzos no le llevaban a nada retomaba su apariencia habitual y entonces sí, decía la verdad.
Cuando había finalizado su profecía, regresaba al mar. Algún personaje que lo atrapó (pese a transformarse en león, serpiente, leopardo, cerdo y hasta agua y árbol) fue Agamenón a quien le reveló que su hermano había sido asesinado por su esposa y amante a su regreso de la guerra de Troya, o que Ulises estaba retenido en la isla de Circe.
Del nombre de este personaje nos han quedado palabras como el sustantivo proteo (“Hombre que cambia frecuentemente de opiniones y afectos”), el adjetivo proteico / -a o proteiforme (“Que cambia de formas o ideas”) y por mediación del francés hasta proteína y proteínico / -a.
Otro personaje de la mitología griega famoso fue Ulises u Odiseo (en griego Ὀδυσσεὺς, Odysseus), el protagonista de la Odisea, prototipo de héroe viajero y explorador, a quien Homero describe como “el de las mil caras” (πολύτροπος, polýtropos), que etimológicamente significa “que ha viajado mucho, que ha dado muchas vueltas”, y por tanto, “astuto”, “taimado”, por su increíble capacidad de adaptación y supervivencia ante cualquier situación por peligrosa que fuera, y por su carácter astuto y cambiante. Véase, por ejemplo, cómo junto con algunos compañeros logra salir de la cueva de Polifemo, asidos al vientre de las ovejas y cabras del monstruo, tras haberlo emborrachado y cegado previamente, y haberse hecho pasar por “Nadie”, cuando el gigante le preguntó su nombre.

Como derivados de la palabra latina facies tenemos unas cuantas como:
Faz, facies (“Aspecto externo de algo” // “Aspecto del semblante que revela alguna alteración o enfermedad del organismo”), faceta (del francés facette) que en nuestro caso significa “Cada uno de los aspectos que se pueden considerar en una persona o en una cosa”, polifacético / -a, facial, antifaz, facción (en plural, los rasgos de la cara), faccionario / -a, faccionar (“Dar figura o forma a algo”), faccioso / -a, interfaz, Facebook, faccia en italiano (de donde viene en castellano la palabra coloquial “facha”, con el significado de traza, figura, aspecto, en general despectivo), face en francés y hasta superficie, superficial, superficiario / -a, superficialidad…
Terminamos con una palabra que anticipa una dura enfermedad como el Alzheimer: la prosopagnosia (que proviene del griego πρόσωπον, “cara”, como en prosopopeya o personificación, y de ἀγνωσία, “desconocimiento”), también llamada ceguera de rostros, que es un trastorno cognitivo y una forma específica de agnosia visual caracterizada por la incapacidad para reconocer rostros familiares, incluyendo el propio (autorreconocimiento), mientras que otros aspectos del procesamiento visual (por ejemplo, discriminación de objetos) y el funcionamiento intelectual (por ejemplo, la toma de decisiones) permanecen intactos.





