Identificar los sonidos y atribuirles un significado es una de las capacidades que poseen el hombre y algunos animales. De esta habilidad se derivan el lenguaje verbal y el lenguaje musical. Por eso el hombre es –en mayor o menor medida– “hablador” y “músico”.
Pero, además, el hombre es “bailador”. Deziba una mujer de Guaso: “a mosica dentra por as orellas y sale por as garras”. Y así es. La música pone en marcha muchos procesos de tensión y relajación a los que no son ajenos el movimiento de los músculos e, incluso, de los órganos. Podemos afirmar, sin miedo a equivocarnos, que el hombre, desde siempre, ha sido “bailador”.
Las danzas nocturnas de plenilunio alrededor del fuego de las hogueras ya llamaron la atención de Estrabón, contemporáneo de Cristo y uno de los primeros viajeros geógrafos que se conocen. Dice en el libro 3º de su Geografía:
”los celtíberos y los otros pueblos, que lindan con ellos por el Norte, tienen cierta divinidad innominada, a la que, en las noches de luna llena, las familias rinden culto danzando hasta el amanecer ante las puertas de sus casas..» (Str. Geo. 3,3,7-8)
En honor a la verdad, Estrabón no estuvo nunca en la península ibérica, pero dicen los estudiosos que sacó esta información de Posidonio, que sí la había visitado unos cien años antes.
A lo largo de la cristianización, se asimilan muchas de las tradiciones paganas y las fiestas del solsticio de verano se desplazan al día 24 de junio, fecha deducida del nacimiento de san Juan Bautista, justo seis meses antes del de su primo, Jesús de Nazaret. Hoy está establecido que el solsticio de verano –el momento en el que el Sol alcanza la posición más alta en el cielo– tiene lugar entre el 21 y 22 de junio. Es el día más largo del año y, por tanto, el día en que las plantas –si no ha habido nubes– han producido la mayor cantidad de principios activos. La singularidad del día hizo a su noche mágica y propicia a todo tipo de rituales protectores, curativos y sortilegios.
En el año 1582, el calendario gregoriano se adelantó 10 días para corregir el desfase acumulado por el calendario juliano –implantado por Julio César en el año 46 a.C.– Pero esta “corrección” no explica que pasaran las hogueras del solsticio al día 24 – festividad, como se ha dicho, del nacimiento de san Juan Bautista– ni tampoco al 21 – día oficial del solsticio–, que es cuando se celebran en Barbastro. Sí lo explica su “cristianización”.
¿Por qué, pues, se celebran las hogueras en Barbastro el día 21?
Los danzantes ya existían antes de san Ramón. En el año 1116, cuando éste salía para el destierro, echó una última mirada a su amada ciudad y vio que ardía por los cuatro costados, debido a las hogueras alrededor de las cuales danzaban quienes esa noche estaban festejando el solsticio de verano. Para ubicarnos, recordaré que entonces hacía solo 16 años que se había reconquistado definitivamente la ciudad de Barbastro, tras haber sido perdida después de la la famosa protocruzada –promovida por Alejandro II– en la que tuvo lugar el “Sitio de Barbastro”, en cuya narración se nombra a Belaín.
La singularidad barbastrense consiste en que hogueras, danzas y festividad de san Ramón del Monte se celebran el 21 de junio, coincidiendo con el día oficial del solsticio de verano y con el aniversario de la marcha al destierro de san Ramón, acaecida 466 años antes de que Gregorio XIII modificara el calendario. Con la “cristianización” de los rituales paganos, lo suyo hubiera sido que las hogueras de Barbastro pasaran al 24, como ha sucedido en la mayoría de los casos. Si no fue así es porque no era preciso ya que los ritos paganos del solsticio fueron “cristianizados” cuando pasaron a formar parte de la festividad de san Ramón.
En algunos lugares, esa noche se conserva la figura de las serpientes aladas –los “cuélebres” cántabros o asturianos, por ejemplo–. Actualmente, es Belaín, el dragón, el encargado de originar el primer fuego que, a su vez, enciende el cohete que es heraldo para el encendido del resto de las hogueras. Por cierto, el año que viene se cumplen 20 años del regreso de Belaín, icono de la fiesta y de la ciudad.
Esto que recuperamos, ¿es el “Dance de san Ramón o son los Danzantes de san Ramón?
Tenemos que ser rigurosos. El “Dance aragonés” es un género que contiene una parte literaria –un relato, generalmente en verso–, otra musical –mudanzas, paseo…– y otra coreográfica –los danzantes–. Estos tres elementos fueron “amalgamados” en los siglos XVII y XVIII, teniendo como eje vertebrador la parte literaria y dando origen al “Dance aragonés”.
Las letras de los Danzantes de Barbastro que han llegado hasta nosotros son breves y, probablemente nemotécnicas o meramente funcionales.
Las melodías son anónimas, unas comunes –con sus variantes– y otras distintas entre sí, compuestas e incorporadas a lo largo de los años.
La coreografía responde a la formación de hileras, cuadros, etc, que se repiten con regularidad. Carecería de fundamento pensar que se trata de unos bailes primigenios, incorporados a un relato literario perdido o, quizás, inexistente.
Por no contener todos los elementos constitutivos y, como sucede en Huesca, lo suyo es hablar de “Danzantes” y no de “Dance”.
¿Danzantes de Barbastro? o ¿Danzantes de san Ramón?
Ambas denominaciones podrían considerarse correctas, y, no conociéndose otro dance en Barbastro, se ha optado por la denominación de “Danzantes de san Ramón”, por considerar que aporta información tácita sobre su lugar de origen –Barbastro– y explícita sobre el titular al que está dedicado el baile –san Ramón–.
Las melodías de las que partimos proceden del reportaje “Los danzantes de Barbastro”, de la web del Barranqué, en el que no consta el autor. Se trata de dos particelas de clarinete y saxo que, por su diferente caligrafía y por tratarse de dos instrumentos de diferente afinación que aparecen transcritos en la misma tonalidad, hacen sospechar que no pertenezcan a la misma partitura.
Para hablar de los instrumentos, debo referirme a las “Demostraciones festivas” con motivo de la proclamación de Fernando VI, el año 1746. Este documento, que encontré en una biblioteca de Zaragoza allá por los años 70, contiene la referencia más antigua a los Gigantes, Cabezudos y Dragón de Barbastro. Pero al hablar de músicos e instrumentos solo hace referencia a clarines, timbales, trompas, obueses – oboes populares o dulzainas–, violines y tambores. No aparecen referidos los “Danzantes” ni la gaita, a pesar de que los primeros estaban en su apogeo y José Antonio Salas Ausens en su libro “La población en Barbastro en los siglos XVI y XVII” habla de un “cornamusero” –constructor de gaitas– que aparece en uno de los censos.
En las “Festivas Demostraciones” con motivo de la aclamación de Carlos IV en 1789 se habla de danzantes con dagas y espadas, cintas y arcos floreados y de la “vistosa, y velocísima Comparsa de Danzantes Labradores de Sobrarbe que fue convocada para tal evento. ¿Es una referencia al Palotiau de Boltaña?
En la “Breve descripción de las Fiestas” con motivo de la bendición de la bandera de la Milicia Local, en 1821. también se hace referencia a los “Danzantes” y a la “gayta”.
Que no se nombre expresamente la gaita en todas las “Demostraciones festivas” mencionadas no supone que no la hubiera. Depende siempre de la agudeza del cronista y puede tener que ver con que se trate de eventos de naturaleza diferente: profanos –como las celebraciones dedicadas al advenimiento de un nuevo Rey– o religiosos –en los que es más probable encontrar a la gaita y los “Danzantes” relacionadas con algún santo. Las melodías se adaptan muy bien al clarín de la gaita que, sin duda, ha tenido una gran presencia en las danzas y pasacalles barbastrenses. Por ese motivo, no podía faltar como acompañamiento musical en la recuperación de los “Danzantes” y está presente de la mano de los Gaiteros del Somontano – intérpretes y lutiers/”cornamuseros” de gaitas y dulzainas – que son parte fundamental en esta recuperación.
Hace más de 20 años, cuando tuve el honor de ser el mantenedor de las fiestas, pensé que era el momento para proponer la recuperación de los “Danzantes”. A pesar del entusiasmo que despertó y el apoyo incondicional de los Gaiteros del Somontano, no pudo ser.
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El año pasado, Juan Carlos Girón, el gaitero, me animó a componer una pieza musical dedicada al Somontano y vi en ello la ocasión de volver a insistir en los “Danzantes”. Hice un arreglo coral de las melodías que ya, en el año 2005, había incluido en mi “Método de Dulzaina Aragonesa” y quedé complacido con el resultado. Le pedí, entonces, a Estela Puyuelo que escribiera una letra que no abundara en los tópicos barbastrenses, y fuera capaz de interesar a los actuales somontanenses. Ya con la letra y el arreglo coral, ofrecí la obra a la Coral Barbitanya que la estrenó, con gran asistencia de público, en las últimas fiestas de san Ramón.
Por segunda vez volvía a echar el guante, esta vez recogido por Pepi Jara, los “Danzantes de san Ramón” y los “Gaiteros del Somontano”. Poco tardó Pepi en diseñar una muy cuidada coreografía, comenzando los ensayos con dedicación y entusiasmo por parte de “Danzantes” y “Gaiteros”. Se trata del inicio de un apasionante camino del que ella y Fernando Noguero nos van a hablar . Habrá que trabajar la indumentaria, palos, dagas, espadas, “cucardas”, “toneletes”, “dragonas”, etc. No debe haber prisa, pero tampoco pausa y todo hace pensar que –con fundamento, delicadeza y entusiasmo– fiesta tras fiesta, se irá recuperando la indumentaria descrita por López Noboa en su “Historia de Barbastro”.
El de los barbastrenses es un rico patrimonio cultural que hay que recuperar y ponerlo en valor; entendiéndolo como un espacio de libertad, disfrute y punto de encuentro para ciudadanos de cualquier edad y condición, amantes de sus tradiciones. Porque las tradiciones permiten compartir los mismos espacios rituales y festivos que lo fueron de quienes nos han precedido y a través de ellos expresar la pertenencia y el amor a su ciudad, tanto para los recién llegados como para los “de toda la vida”; los que lo hagan por Barbastro o los que lo hagan por los barbastrenses.
AGRADECIMIENTOS:
Gaiteros de Somontano, por sus gaitas
Pepi Jara y los “Danzantes de san Ramón”, por su entrega, dedicación y entusiasmo. Estela Puyuelo y la Coral Barbitanya por haber hecho posible el estreno de la versión coral.
Santiago Lisa, siempre solícito, creativo y montés.
Juan Carlos Ferré, recuperado convecino de la Plaza, con el que hemos vuelto a jugar


