Recordar el artesanal oficio de la matacía y transmitir a las nuevas generaciones la importancia de esta práctica culinaria para la subsistencia de los hogares del medio rural y disfrutar de una jornada de convivencia entre padres, profesores y alumnos es el objetivo que se marca la asociación de madres y padres del colegio de los Padres Escolapios de Barbastro que una vez más celebró su ya tradicional jornada gastronómica en los campos de la Millera.
La iniciativa volvió a reunir a numeroso público que manos en el mondongo se afanaron para elaborar chorizos, longanizas, pancetas, butifarras, tortetas, y otros derivados del cerdo. El ciclo de aprovechamiento de este animal fue completo ya que hasta se recicló el aceite usado para hacer jabones al método tradicional. Aunque no todo fue exclusivamente tradicional ya que no hubo sacrificio del cerdo por cuestiones sanitarias y se compró en las carnicerías barbastrenses para ser capolado y aromatizado con las especias propias que requiere todo mondongo. Tras embutirlo llego el secado para después degustarlo en una comida de hermandad. A pesar de que no hubo sacrificio del cerdo, el resultado fue igual de sabroso, entre tragos de vino y tostadas con ajo y aceite de oliva.
Hace seis años el AMPA de los Escolapios decidió plantear esta jornada, celebrada durante un día festivo, como una actividad de convivencia y escolar. «Antes en los pueblos la matacía se hacía para mantenimiento de la economía doméstica, que ahora se ha perdido y salvo en algunas poblaciones los chavales ya no la pueden ver en sus casas. Por eso decidimos darlo a conocer y además pasar un día de convivencia entre todos», afirma el presidente del AMPA Carlos Azcón.
Para el representante de los padres, esta actividad tiene su importancia educativa por la transmisión de una práctica ancestral desterrada de la vida moderna actual. «Cuando antes se hacía en todas las casas todos lo vivían de cerca, pero ahora ya no se puede realizar porque ha cambiado nuestro modo de vida, y estamos acostumbrados a ir al supermercado y comprar longanizas y chorizos. De esta forma recordamos la práctica que hacían nuestros padres y abuelos», afirma Carlos Azcón.
La matacía también llamó poderosamente la atención del grupo de religiosas de la India que residen en las dependencias de Peralta de la Sal de la orden escolapia y que fueron invitadas de excepción de la jornada junto con los veteranos sacerdotes y docentes.


