
Los 35 militares y dos guardias civiles enterrados en una sepultura común en el cementerio de Barbastro bajo el epígrafe genérico “soldados de nuestras Fuerzas Armadas” ya tienen nombre, fecha de fallecimiento y graduación en el escalafón. Todos fallecieron durante su etapa de servicio en la ciudad, desde 1936 hasta 1957, por diferentes motivos, ninguno relacionado con la guerra civil. A partir de ahora, las identidades de cada uno constan en una placa grabada con los datos gracias a la iniciativa de la Real Hermandad de Veteranos de las FF. AA. y de la Guardia Civil que ha sido posible gracias a las informaciones facilitadas por Joaquín Ferrer, canónigo administrador del cementerio.

En concreto están los restos del coronel Antonio Zegrí (26 febrero 1936), un teniente, un brigada, tres cabos, 29 soldados y dos guardias civiles. Hasta ahora “estaban juntos pero desconocidos” explicó el coronel Jaime Marqueta que preside la Real Hermandad en Huesca. La bendición de la placa y el homenaje se realizaron durante el acto castrense celebrado en el cementerio al que asistieron medio centenar de personas, en su mayoría militares en la reserva, José María Rivera, sub delegado de Defensa, Antonio García, capitán de la Guardia Civil, el obispo Ángel Pérez y el canónigo Joaquin Ferrer.
En general, “fallecieron por causas naturales y en actos de servicio durante su estancia en el cuartel General Ricardos y se les enterró en varios nichos del cementerio hasta el traslado a una sepultura común sin identidades. Las familias no reclamaron los restos, tal vez porque en aquellos años era muy costoso el traslado a los lugares de origen y se optó por el cementerio de Barbastro”. En el acto se rezó un responso con toque de oración y hubo intervenciones del coronel Marqueta y del obispo Ángel quien resaltó que “detrás de un uniforme siempre hay una persona y este es un homenaje a todos”.

