Los montañeros montisonenses Carlos Dueso y Borja Maortua ya se encuentran en su casa de Monzón sanos y salvos tras haber escapado milagrosamente al terremoto ocurrido este fin de semana en Nepal, país donde se encontraban practicando trecking.
Los dos jóvenes son trabajadores de la industria química Hidro Nitro Española, aficionados al montañismo y socios del Club Montisonense de Montaña con el que han estado en prácticamente en contacto durante su travesía por el Anapurna.
Los montañeros llegaron a Madrid en la mañana de ayer vía Estambul, donde habían cogido un vuelo ‘in extremis’ el domingo. En Madrid comieron en casa de los padres de Borja y desde ahí regresaron en autobús a sus hogares de Monzón.
«Estamos bien. El terremoto nos pilló de refilón y vivimos momentos caóticos en el aeropuerto», explicaba Carlos Dueso, muy conocido en la ciudad del Cinca por haber sido concejal de Juventud con el anterior gobierno socialista.
El montañero relataba cómo el terremoto del sábado les pilló ya regresando de su trecking por el Anapurna en autobús, camino de Katmandú, donde estaban alojados.
«Cuando se produjo el primer terremoto, a la 1 del mediodía del sábado, en Katmandu, volvíamos en autobús y nos pilló muy cerca del epicentro, entre 20 y 50 kilómetros. Se movía el suelo y todas las motos se caían al suelo. Los autobuses como en el que viajábamos iba de lado a lado y se movían hasta las casas, y se derrumbaban los muros», explicaba Dueso.
El autobús que los transportaba consiguió llegar a pesar de todo a Katmandú, donde «vimos como había quedado toda la ciudad. Había mucha crisis, un gran desorganización del país, porque incluso quisimos donar las medicinas que llevábamos y el ejército no lo entendía y no lo cogían».
Consiguieron coger un taxi que los llevó a su hostal y a la 1 de la madrugada decidieron recoger su equipaje y encaminarse hacia el aeropuerto donde el domingo volaba su avión de las aerolíneas turcas, sin saber si lograrían regresar a España, haciendo escala en Turquía. «Salimos hacia el aeropuerto porque no había manera de saber si estaba operativo o no. Era una situación caótica: toda la gente durmiendo en las calles incluso los turistas, porque hubo muchas réplicas a lo largo del día», relata Dueso.
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El camino hacia el aeropuerto lo hicieron andando y en total oscuridad, ya que la ciudad se quedó sin suministro eléctrico y no había medios de transporte. Alumbrados por sus linternas para realizar treacking caminaron hacia el aeropuerto
«Al llegar al aeropuerto compramos en una tienda abierta todo lo que pudimos, y según lo que nos han contado después unos amigos, el agua que costaba 40 céntimos el litro llegó a valer 7 dólares. Ahora –por ayer- ya no quedan víveres en el aeropuerto y hay bastante gente evacuada».
El vuelo de Carlos y Borja salía a las 7.45 de la mañana del domingo. Pero se retrasó hasta las 12.00 y de nuevo tuvo que ser retrasado hasta las 13.30 para dar

prioridad a los vuelos con ayuda humanitaria. En ese momento la tierra volvió a temblar con una intensidad de 6,3. «Cuando íbamos a salir, fue la réplica más fuerte. Estábamos comiendo y salimos hacia la pista de despegue corriendo. Fue una invasión total de la pista. El personal del aeropuerto no sabía que hacer y Turkish Airlines decidió salir cogiendo los billetes en la pista», narra el joven montañero.
El vuelo los llevó a Estambul, donde no pudieron conectar con su vuelo hacia Madrid, teniendo que esperar unas horas. Atrás habían dejado un panorama dantesco.
«Ha caído el sistema eléctrico, las comunicaciones, los hoteles funcionaban con grupos electrógeneos pero ya no queda gasoil. Cuando estábamos en el aeropuerto vimos llegar aviones de India, EE.UU y Pakistán, para traer retroexcavadoras, personal sanitario, de rescate, … Espero que poco a poco se impongan el orden. Estaban trabajando para reponer el sistema eléctrico que ya de por sí era defectuoso, y el agua», señalaba. «Intentamos ayudar un poco a la gente, pero el desorden que había lo hacía imposible. No es de gusto vivir una situación así, y ahora queda en el recuerdo», sentenciaba.
Para Carlos Dueso la clave para sobrevivir a una situación tan extrema fue actuar «con frialdad, pensando bien las cosas. Llevábamos equipo para caminar por la noche, frontales, luces, y actuamos con determinación llegando a buen puerto».
En todo este periplo han establecido contacto con otros afectados, concretamente con la altoaragonesa Lourdes Llot, que según cuenta «están muy bien».



