
Miles de romeros de Monzón y otras poblaciones mediocinqueñas como Pueyo de Santa Cruz acudieron ayer como marca la tradición a saludar a la virgen de La Alegría. El santuario sito entre Monzón y Pueyo acoge cada Lunes de Pascua una multitudinaria manifestación de religiosidad popular, entre el fervor y la fiesta. Como explicó ayer el alcalde Álvaro Burrell «es nuestra fiesta más querida por los montisonenses y así lo demuestran al margen de las creencias, es un día para la convivencia y para disfrutar».
Desde muy temprano los romeros realizaron el camino que lleva desde Monzón a la ermita a pie, en carros, a caballo o en vehículo adaptado para los impedidos o los mayores.

A su llegada a las faldas de la ermita, la peña Trifulca repartía huevos fritos, mientras que los voluntarios de la Concejalía de Festejos servían cientos de trozos de torta, pan con longaniza, vino, agua o zumos.
Y tras reponer fuerzas de la caminata y la ascensión, tocaba saludar a la virgen de la Alegría en el camarín detrás del altar.
El obispo de Barbastro – Monzón, Ángel Pérez, se encargó de oficiar la ceremonia al mediodía, mientras que en la explanada del templo sonaban las jotas por el grupo folclórico Aires Monegrinos.
El de ayer fue un día en el que cuadrillas y familias comieron en las fincas al aire libre.
Álvaro Burrell, alcalde de Monzón:

En el Somontano, los vecinos de Barbastro y Berbegal abrieron el periodo de romerías al santuario de El Pueyo, una tradición que se remonta a nueve siglos desde la aparición de la virgen al pastor de Morilla Balandrán. Desde ayer y a lo largo de todo mayo, cerca de cuarenta pueblos de las comarcas del Somontano y La Hoya acudirán al santuario.
La tradicional romería se inició al mediodía con la presencia de vecinos de ambas localidades, sus munícipes y las Damas de Barbastro. Desde la plaza del Sol se ascendió rezando las estaciones de Cristo hasta llegar al santuario donde se realizó el ritual del beso de las tres cruces. La cruz del Pueyo recibió a la de los municipios de Barbastro y Berbegal.
Antonio Cosculluela, alcalde de Barbastro:

La romería de ayer contó con presencia de las dos corporaciones municipales, con sus respectivos alcaldes a la cabeza, y el deán más joven del Cabildo Catedralicio, que presidió la eucaristía junto con los monjes del Instituto del Verbo Encarnado de Argentina.
Después los ayuntamientos de Barbastro y Berbegal invitaron a un ágape.
Antaño esta romería se vivía con gran arraigo sobre todo entre los más jóvenes. Ayer algunos de ellos todavía se dejaban ver por los caminos que llevaban al santuario y sobre todo entre los olivos donde realizaron comidas al aire libre, amenizadas con equipos de música. Desde la prohibición de realizar fuego al aire libre, esta romería ha ido decayendo y los jóvenes y no tanto optan por comer en fincas.

El alcalde de Barbastro Antonio Cosculluela, destacaba la gran afluencia de vecinos de Berbegal con respecto a la ciudad del Vero. «Hubo unos años en los que en la plaza del Sol se juntaba muchos vecinos para comer a la brasa pero desde que se restringió el uso del fuego, la gente viene al Pueyo pero luego va a comer a sus casas o fincas. Hace más de una década que se perdió ese ambiente y la tendencia es complicada, y cada vecino celebra este día como lo considera más apropiado», señaló el alcalde.
Y en Castejón del Puente, los vecinos celebraron su también tradicional romería a la Virgen de La Bella. El santuario acogió una misa cantada y después tuvo lugar una comida popular.
Asimismo en Binéfar hubo gran animación en el cerro de San Quílez con batucadas, almuerzos y demás actos de convivencia al aire libre.



