David Félez Sola
Miembro del Consello Nazional de CHA y concejal del Ayuntamiento de Almudébar
Abunda la queja de que los ayuntamientos no son participativos, que los ciudadanos delegan el voto cada cuatro años y los consistorios ejercen unilateralmente el poder durante ese tiempo. También abunda la queja de que siempre son las mismas personas, aunque no es menos cierta la dificultad de encontrar candidatos dispuestos a implicarse en la política municipal.
La reforma de la Administración Local anunciada por el gobierno español incluye la pretensión de de reducir un 30% el número de concejales, 1350 en Aragón, lo cual va a tener unas graves consecuencias en nuestros pueblos. De entrada es una propuesta insensata, populismo en estado puro. El coste de tener activo un concejal en un pueblo, comentarios de bar al margen, es irrisorio al lado de la dedicación, los dolores de cabeza y los problemas que, en condiciones normales ha de afrontar un edil de un ayuntamiento pequeño. Ningún concejal de un pueblo pequeño cobra por serlo. Los concejales que queden, después del recorte, estarán más solos, el trabajo a hacer será mayor y los candidatos, por lógica, serán menos. Probablemente será entonces cuando los que estén no lleguen a poder realizar esos trabajos y haya que contratar a alguien.
Este el objetivo de la derecha española, reconocidamente deficitaria en términos democráticos: simplificar la democracia e ir derivando el campo de la toma de decisiones al ámbito del mercado, llámelo empresas o corporaciones. ¿En detrimento de que? De la política, que para bien o para mal, es el espacio más oficial y reconocido y el único en el que los ciudadanos tienen la opción de decidir, más en el mundo rural donde los intereses son más cercanos y menos «lamineros» para según que otros intereses no precisamente altruistas.
Con esta medida, el nivel de representatividad de los consistorios quedará por debajo, y no poco, de los conzellos, jurados medievales o cualquier otro sistema anterior a los Decretos de Nueva Planta. Una democracia más raquítica, más bipartidista, menos proporcional y menos plural, más limitadora en relación a las minorías y a las nuevas opciones y por tanto un empobrecimiento de los mecanismos de participación. Una triste noticia para los pueblos y los ciudadanos. Bastante más triste de lo que muchos creen.

