Todo comenzó como tantas historias en nuestra tierra: con ilusión, colaboración y la esperanza de construir, entre todos, un nuevo centro educativo. Hubo diálogo, hubo compromiso. Parecía que caminábamos de la mano con la Consejería de Educación hacia un objetivo compartido: el bienestar de los niños y niñas de este pueblo, y una apuesta firme por la repoblación.

Pero, ay, amigo… Todo cambió tras el incidente del pasado mes de diciembre. A partir de ese momento, el rumbo giró. Lo que fue cooperación se convirtió en comunicaciones unilaterales y engaños. Lo primero, con los jueces; lo segundo, con las familias, a quienes se les propuso un traslado a otras instalaciones del municipio con la excusa de adaptar el sistema de calefacción y acondicionar las aulas.
¿Han hecho algo? ¿Han propuesto algo real para garantizar la continuidad del centro? La respuesta es más que clara: NO.
Mientras tanto, en O’Chinebro, las familias seguimos esperando la llegada del llamado “dinero de aula”. Una parte ha sido concedida, pero no ha llegado a su destino. De la otra mitad, dudamos que llegue nunca. Porque sí, las maestras siguen sin poder comprar folios, colores o material tan esencial como cotidiano.
Nos preguntamos si, al final, tendremos que organizar festivales solidarios para nosotros mismos, al más puro estilo “Sahara Colour Rice”… aunque con una diferencia: el arroz ya lo traemos de casa. Solo nos faltan los colores.
Y si hablamos del nuevo suelo para el centro… ¿quién está moviendo los trámites? Porque desde la Consejería de Educación, la respuesta sigue siendo clara: nadie. Afortunadamente, hay personas comprometidas —vinculadas a partidos de la oposición— que están haciendo más por la escuela de Caneto que quienes deberían tener esa responsabilidad como prioridad institucional.
Por ahora, seguimos esperando. Hemos solicitado a la sala del TSJA el traslado a nuestras aulas habituales, pasado el invierno, esperamos la primavera con ilusión.
Esta nota no es solo una denuncia, es también una llamada a la reflexión y a la acción. O’Chinebro no es un problema, es una oportunidad. Y nuestros niños y niñas no son una carga, sino el presente y el futuro de esta tierra.
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