Los hijos son una excelente oportunidad que nos brinda la vida para que nos entrenemos a vencer al orgullo a través de pequeños gestos de amor .
El orgullo es ese pequeño dictador que habita dentro de cada uno de nosotros que algunos han aprendido a dominar y otros todavía no.
Quizás pensemos que nosotros no somos orgullosos, sin embargo intentar cambiar a los demás ya es una forma de orgullo. El intentar cambiar a nuestros hijos ya sea porque no nos gusta su forma de actuar, su genio, su vestimenta, sus amistades… Tener constantes enfrentamientos con nuestros hijos adolescentes, querer tener razón a toda costa y estar convencido de que son los ellos los que se equivocan…Todo ello ya es una manifestación del orgullo que habita en nuestro interior.
Cuanto más nos dejamos arrastrar por nuestro ego creyendo que solo nosotros poseemos la verdad, más se fortalece el orgullo. El ego es nuestra personalidad que está formada por el conjunto de recuerdos y creencias configurados desde la infancia. Cuando nos dejamos dirigir por este viejo compañero dejamos de ser dueños de nuestra vida, es entonces cuando el miedo se nos apodera, experimentando malestar o conflicto.
Nuestro mayor temor es el de no ser amado, de allí es que muchos traten de ser perfectos, escondiendo tras un muro su verdadera esencia por miedo al rechazo, a la crítica, a no estar a la altura, no ser lo suficientemente bueno… Inconcientemente, todas sus acciones van dirigidas a evitar aquello que tanto temen, protegen su vulnerabilidad a través del control y del perfeccionismo. ¿Y qué hace la vida infinitamente sabia? Nos enfrenta a todas aquellas situaciones que tanto tememos, con el único fin de que caigan esos falsos muros de protección. Nos despoja de nuestras máscaras a través de conflictos con nuestros hijos o personas de nuestro entorno para que tomemos consciencia de nuestros miedos, carencias, de cuanto orgullo tenemos todavía en nuestro interior.
Cuando la relación con tus hijos se vuelva tensa, respira, obsérvate, ponle límites a tu orgullo y dile: gracias, ya no te necesito, te invito a salir de mi vida. Después, tomando contacto con tu centro e inundada de serenidad háblales desde el corazón, es entonces cuando comienza la transformación y como por arte de magia todo vuelve a la calma.



