Cuando se producen importantes lluvias con las consecuentes avenidas en barrancos y ríos, en los que el agua inunda poblaciones, derrumba pequeños diques, erosiona laderas, anega campos de cultivo u ocasiona daños sobre estructuras realizadas por el ser humano, se reproduce siempre este mismo mantra “¡Hay que limpiar los ríos!”, tanto en los medios de comunicación, en ayuntamientos, como en la población en general.
A los que son encuestados o preguntados bien sea un político, alcalde o a ciertos funcionarios, generalmente por un medio televisivo, radio o a través de artículos publicados en periódicos, la respuesta es prácticamente uniforme e incorrecta por falta de conocimiento.
– ¡Si claro!
-Limpiar los ríos consiste en extraer los arrastres que lleva, las piedras, las gravas, la vegetación que arrastra y todos estos elementos (naturales) que taponan al agua -respuesta prácticamente unánime.
Y añaden.
-Los ríos y el agua son los culpables de todos estos desastres que ocasionan y la administración tendría que limpiarlo y quitar todas esas gravas del río y las ramas que arrastra, pues son las causantes de los taponamientos y las inundaciones que producen en las poblaciones -también una respuesta bastante común.
Es raro oír hablar, por no decir nunca, a un experto sobre este tema, o escuchar la explicación de algún especialista o representante autorizado de la administración competente en el control de las aguas de “¡Que es limpiar los ríos!”
Es obligado y urgente aclarar esa afirmación, “¡Hay que limpiar los ríos!”, y sustituirla por la de, ¡No se deben tocar los ríos!, y no fomentar o llegar a crear un estado de odio hacia el medio ambiente, algo totalmente fuera de lugar pues, aunque nos pese, somos dependientes del mismo, ya que a él esta supeditada nuestra propia existencia. Somos seres biológicos no máquinas, vivimos gracias al aire, el agua y los alimentos que están en ese entorno que configura el medio ambiente del cual no podemos prescindir de ninguno de sus elementos, y pondré un ejemplo clarificador:
Imaginemos, por un momento, que los ríos son ahora el sistema circulatorio de nuestro cuerpo, y que el territorio, por ejemplo, la “Cuenca del Ebro”, es toda la masa de ese cuerpo; extremidades, tronco, cabeza y los innumerables órganos que lo componen y que está irrigado por vasos sanguíneos que llevan nutrientes y gases hasta las células, retirando las sustancias de desecho producidas por estas, y comunicando, en todo su recorrido, a miles de millones de células que para vivir necesitan: agua, aire disuelto en la corriente sanguínea, nutrientes, minerales, y vida para nuestro sistema, además de recoger los desechos que son filtrados por los riñones, bacterias y excretados al exterior, tras sus transporte por venas, arterias y capilares. Así se comportan los ríos al alimentar inyectando la vida a miles de millones de metros cuadrados que atraviesan en todo su territorio, trasportando nutrientes, minerales, insectos, peces, anfibios, y atrayendo a su entorno toda una cadena trófica de vida que también nos alimenta y nos da la subsistencia al ser humano en general.
A nadie en su sano juicio, estando en sus cabales, se le ocurriría sustituir sus vasos sanguíneos por un tubo de plástico o metálico, estos elementos artificiales; impedirían, por ejemplo, el traspaso de alimento a cada célula, tejido u órgano que se encuentran a lo largo de todo y cada micrómetro del circuito de estos vasos casi infinitos. Pues eso pasaría si cementamos los ríos como canales, quitamos toda la vida de sus riberas y no dejamos que circule por sus cauces para alimentar cada palmo de tierra del territorio hasta su final en el mar.
Imaginemos poner una placa metálica o de otro material impermeable taponando un capilar, esa acción cortaría el riego, por ejemplo, a la punta de un dedo que terminaría por palidecer, provocar la muerte del tejido y su amputación, por falta de oxigeno y alimentación a todas las células de esa superficie, cuanto mayor sea la superficie afectada mayor será el daño por la muerte de tejidos; imaginemos que pusiéramos diferentes filtros a lo largo de los vasos sanguíneos y quitáramos todo lo que transporta, minerales, nutrientes, plaquetas, glóbulos rojos, glóbulos blancos, y otros elementos esenciales, y nos quedara un líquido pobre y poco oxigenado, esto sería una degradación lente para toda esa masa llena de vida y su muerte final; imaginemos que contaminamos esos vasos sanguíneos con elementos externos, productos químicos dañinos, materiales pesados pulverizados, elementos que degradan las paredes de esos vasos, los lesionan y resquebrajan, provocando hematomas, inundando con la sangre, un órgano, tejido o espacio del cuerpo; imaginemos, en general, que dificultamos la circulación, que dañamos de forma continua la función de esos vasos sanguíneos al desviar su caudal, al afectar sus componentes, al reducir su diámetro provocando tapones y trombos, al sustituir su composición degradando sus cualidades funcionales e impedir, abocando al sistema “ser humano” a su completa extinción vital. El sistema circulatorio, junto con el excretor y el respiratorio, contribuyen también al mantenimiento del equilibrio del medio interno del cuerpo, de la misma forma podemos decir que los ríos junto con el territorio y su espacio aéreo dentro de la burbuja “planeta Tierra”, mantienen el equilibro interno del territorio en el que estamos todos que es, en el caso del ejemplo, la “Cuenca del Ebro”.
Hay que proteger el espacio creado por los ríos, reducir las grandes presas o crear presas mas acordes con los flujos de las aguas y lo que llevan, permitiendo la continuidad de sus caudales con escalas, con la utilización de las compuertas de fondo u otros elementos que permitan desplazar sus aguas con su biodiversidad y sus arrastres, pues al igual que cuando taponamos una capilar o arteria, también se modifica y taponan artificialmente las corrientes. Las presas provocan movimientos de tierra por el peso de sus masas de agua, la contaminación del aire, el ruido y las vibraciones, el estancamiento del agua que puede alterar su calidad y comportar riesgos como la reducción de oxigeno, los cambios en su temperatura, la estratificación y retención de sedimentos y una mayor proliferación de enfermedades, es lo mismo que cuando hacemos un torniquete en una extremidad de nuestro cuerpo reteniendo la sangre y después de mucho tiempo lo quitamos, provocando que las toxinas creadas, se expandan sobre el organismo por sus vasos sanguíneos, pudiendo causar graves problemas de salud o incluso la muerte.
Es peligroso quitar de los ríos sus piedras, árboles y aquellos elementos que de normal arrastran, pues le dan esa estructura rugosa. El quitar las piedras labrando el fondo puede favorecer la siembra de vegetación en el propio cauce que provocará peores taponamientos, el derrumbe de las laderas y de aquellas construcciones artificiales que sé sustentan sobre el lecho, puede favorecer el flujo y la velocidad del agua con el peligro de esas gravas que transporta no se vea frenadas por la rugosidad de las rocas y piedras, quitaríamos el alimento mineral del agua y el oxigeno del agua que se produce al chocar y saltar entre las rocas, desapareceran los deltas, las playas formadas a lo largo de miles de años por los arrastres de ese material que se va rompiendo y sedimentando al final de su recorrido, alisaremos sus fondos que supondría una aceleración del flujo del agua que como una manguera a presión, rompería contra la pared de lo que se encontrara tras la primera curva o meandro.
Si quitamos de aquellos rios que se han cementado o colocando placas de plástico o metales en fondos de ríos que pasan encauzados y estrechados, como si de una entubación se tratara, por zonas urbanas en ciudades o poblaciones; permitiríamos que tengan espacio para absorber las posibles avenidas; dejaremos que el agua alimente ese territorio a su paso, cree vegetación protectora, sombra beneficiosa a sus aguas y rugosidad suficiente para evitar flujos de agua a presión e inundaciones, ofreciendo corredores verdes y húmedos en lugar de un suelo seco y asfaltado; conseguiremos mantener la calidad de sus aguas al proteger la biodiversidad que transporta, oxigenarla a su paso y diluir la posible contaminación recibida.
Si quitamos aquellos puentes con multitud de pilares que lo sostienen, creando puentes con aberturas grandes y voladas, si modificáramos esos pilares en forma de cuña que provocan que los árboles y ramas tronchen y queden atrapados taponando peligrosamente sus ojos (espacio entre pilares) dejaremos circular los árboles que el río limpia a su caída, haciendo que de forma natural sean arrastrados
Si quitamos de los ríos esas escolleras artificiales de piedra o cemento que aceleran el agua y causan daños por la fuerza de sus aguas en el meandro rio abajo o en la orilla contigua, que además, por hacerlas elevadas desplazan el agua causando daños en su orilla opuesta, en lugar de dejar espacio para que crezca vegetación y cuando vengan avenidas las aguas se puedan dispersar devolviendo a las riveras su estructura vegetal arbórea que retiene las aguas, les da sombra y calidad junto con la vida propia de un ecosistema en equilibrio, evitaremos riesgos y sinergias negativas.
Si devolvemos el espacio necesario para que se evacuen las aguas ante un río que se ha visto encogido, al igual que un vaso sanguíneo estrechado, facilitaremos el paso de todos sus componentes que arrastra en sus continuas y necesarias avenidas de limpieza y alimentación.
Si permitimos que mantenga, en ese paso, sus componentes estructurales que lo frenan y lo apaciguan, podrá seguir alimentando cada palmo de ese territorio del que siempre formo parte.
Se repara una carretera, una autovía, o se expropia casas o terrenos para su construcción y sin embargo no se repara, naturaliza o recupera el espacio del río, ahí esta la cuestión de lo porque no hay que limpiar un río. No se sabe que todos los ríos son Áreas Protegidas según la Ley 42/2007, de13 de diciembre de Patrimonio Natural y Biodiversidad. Que son bienes jurídicos protegidos, el agua y sus cauces, con todo lo que supone su ecosistema fluvial pues es un bien de primera necesidad. No se sabe que son de titularidad pública amparados por el artículo 45 de la Constitución que expresa la responsabilidad ambiental de los ciudadanos y la administración, así como por la Directiva 2000/60/CE del Parlamento Europeo y su transposición en Real Decreto Legislativo 1/2001, de 20 de julio, por el que se aprueba el texto refundido de la Ley de Aguas. Al igual que el aire que respiramos, son indispensables para la vida, pues son las únicas vías que le queda a la biodiversidad y los seres vivos que van en esos flujos de agua, capaces de atravesar la fragmentación que supone una autopista, una ciudad, o todos aquellos elementos antrópicos, construidos por el ser humano, aunque en ocasiones, se le corte en mil pedazos cuando se construyen grandes pantanos sin posibles elementos compensatorios.
De la misma forma que retranqueamos elementos del territorio o hacemos obras inmensas para permitir el paso de una autopista, expropiando casas y terrenos, al igual que se construye una vía pública o se remodela los espacios en una gran ciudad, porque no se hace lo mismo con una vía tan importante, como son los ríos, para nuestra subsistencia y la de todo territorio, pues al igual que un vaso sanguíneo que alimenta hasta el último rincón de nuestro sistema “ser humano”, su falta de irrigación y correcto funcionamiento puede provocar un sinfín de sinergias, efectos colaterales, que afectarían con el tiempo a todo ese sistema, así puede ser en parte nuestra existencia, ¿Qué hacemos, acelerar o intentamos detener estos llamados efectos colaterales?, el agravante es que estamos hablando de un vaso sanguíneo, que es lo mismo que un río, ambos son imprescindibles para nuestra subsistencia.
Sería ingenuo pensar que podemos modificar nuestros vasos sanguíneos con tubos de metal o plástico, alimentarnos de aceite o electricidad y sustituir nuestras neuronas por chips, si eso pasara, ya no seríamos seres humanos, y dudo que haya un paso intermedio, pues somos seres biológicos. No es posible gestionar nuestra existencia sin agua, aire y nutrientes, justo lo que nos ofrece este sistema Tierra en un único equilibrio que, si rompemos, como especie invasora que somos, no podremos transmutarnos en robots, más bien, nos habremos extinguido.



4 comentarios
Artículo equivocado , antes los ríos se limpiaban constántemente y con abundante agua, agua a presión que bajaba en cada riada y se llevaba todo lo que había en el cauce.
Ahora los ríos tienen presas que regulan la mayoría de esas avalanchas hídricas , como consecuencia los cauces se van llenando de tierra, gravas. vegetación , malezas etc, suben de altura y cualquier subida de caudal inunda tierras y ciudades , por eso es
necesario limpiarlos.
Buen artículo, una muy buena muestra del amplio conocimiento sobre la materia del ponente.
Estupendo artículo. y muy oportuno. ójala lo leqan los que son responsables en ese tema. Años demás nos sirve de información.
Esa identificación del efecto de los ríos sobre el territorio con el sistema sanguíneo sobre el cuerpo humano ( la primera vez que la oí fue a un Secretario de Estado) es un error de bulto, lo cual afirmo sin caer en ningún tipo de odio al medio ambiente, cuya defensa procuro.
Le cuento mi caso y el de la mayor parte del territorio y sus pobladores: vivo en una cota superior a 80 metros al nivel del Cinca, que es el río más próximo. A diferencia del cuerpo humano los ríos no tienen bomba, corazón, y sus aguas solo obedece a la ley de la gravedad. En consecuencia a mi casa no llega ninguna vena o capilar del Cnca, ni de ningun otro; luego en mi “célula” de territorio no se produce lo que Vd. define como “el traspaso de alimento a cada célula, tejido u órgano que se encuentran a lo largo de todo “ .
Y así como en mi cuerpo el torrente sanguíneo acude a todos los sitios ( como lo prueba que allí donde me pinche me sale sangre) en el Territorio no ocurre tal cosa, por falta de corazón bombeante.
Yo no sé donde vive Vd, en qué ciudad, en qué calle y en qué vivienda. Y si el agua que Vd bebe se la traen de capilares artificiales, tuberías de polipropileno, o le basta con ir a la fuente más próxima con un cántaro para acumular el agua para beber y para higiene, como yo he visto de niño en el pueblo de mi madre.
En definitiva: en el territorio, a diferencia algunos organismos vivos con la sangre, el agua no llega a todas las partes. Y es el progreso humano, basado en las facultades intelectivas del hombre, el que nos ha permitido vivir en espacios donde el curso natural de los ríos no transporta agua alguna.
La primera vez que oí al Secretario de Estado la identificación del sistema sanguíneo humano con una cuenca hidráulica lo dijo para oponerse al trasvase entre cuencas. Y me extrañó la afirmación porque en muchas operaciones quirúrgicas es necesario transferir sangre de otra persona para evitar la muerte….
Y, ciñéndonos al caso de Barbastro: pese a asentarse en el cauce del Vero bebe agua del Cinca, embalsada en el Grado. Y ahora hay voces que dicen que los pantanos sobran, son un error, y es justo y acertado destruirlos. En este caso ¿ que’ capilares naturales del Vero traerán el agua a sus vecinos?