Que tres alumnos del IES José Mor de Fuentes de Monzón queden terceros de España en un campeonato nacional de programación no pasa todos los días.
Alberto Faro Da silva y Marcos Martel Pérez, alumnos de DAW2, y Jorge Rua Bescos, alumno de DAW1, han viajado a Madrid como equipo CodeMaxing, han competido contra centros de todo el país y han vuelto con un tercer puesto nacional en ProgramaMe.
Detrás de ese resultado también hay una profesora que ha estado empujando desde el principio.
Meritxell Badía Gamón fue quien movió la participación del equipo, quien hizo posible el viaje primero a Zaragoza y después a Madrid, y quien estuvo encima para que entrenaran más, practicaran más ejercicios y llegaran preparados.
Ellos hicieron los problemas y defendieron el concurso, pero buena parte del camino hasta allí empezó también con ese trabajo suyo, casi como una entrenadora que sabe cuándo apretar porque ve que hay nivel.
A ninguno parece gustarle demasiado eso de ponerse en primer plano, pero el resultado merece contarse con nombres propios. Llegar hasta una final nacional y subir al podio no es poca cosa.
DAW son las siglas de Desarrollo de Aplicaciones Web, un ciclo de Formación Profesional centrado en aprender a crear páginas, aplicaciones y servicios web.
Ahí entran la programación, las bases de datos, los servidores y toda la parte técnica que hace que una web o una aplicación funcione de verdad. En ese contexto, ProgramaMe es una prueba seria, con equipos de tres alumnos, problemas de programación y muy poco margen para perder tiempo.
Antes de llegar a Madrid, CodeMaxing ya había quedado tercero en la fase regional de Zaragoza. Ese resultado les dio la clasificación para la final nacional. Allí, con más equipos, más presión y más nivel, volvieron a subir al podio.
“Ha sido una experiencia muy bonita poder competir contra otros alumnos que están estudiando lo mismo. Al final conseguimos un resultado muy bonito”, resume Jorge.
Un concurso donde no basta con saber programar
ProgramaMe es uno de los concursos más importantes de España para estudiantes de Formación Profesional de Informática. Participan equipos de tres alumnos y la prueba consiste en resolver problemas de programación en un tiempo limitado.
No es solo escribir código. Hay que leer bien, pensar rápido, organizarse como equipo, decidir qué problema atacar primero y aguantar la presión del reloj.
Para Marcos, una de las claves era transformar bien las ideas en código. En una prueba así, entender el problema no siempre basta, también hay que llevar esa lógica al ordenador de una forma eficaz y sin perder demasiado tiempo.
Alberto lo resume desde una idea muy clara. Para él, “la programación no es más que un método más para resolver problemas, independientemente del nivel de complejidad”, señala.
En la final nacional de 2026, celebrada en Madrid, participaron equipos clasificados desde distintas fases regionales. Por eso el resultado de CodeMaxing tiene tanto valor. No era una actividad más de clase. Era una competición nacional con los mejores equipos de FP informática del país.
De Zaragoza a Madrid
El camino empezó en Zaragoza. CodeMaxing quedó tercero en la fase regional y consiguió el pase directo a la final nacional.
“Quedamos terceros en el regional de Zaragoza y eso nos dio clasificación directa para el Nacional de Madrid”, explica Jorge.
El salto se notó. En Madrid estaban los equipos que habían conseguido clasificarse desde otras sedes, y el nivel subió.
“Se notó la diferencia del regional al nacional. Había más equipos, había más nivel y los problemas también eran más difíciles”, reconoce.
Aun así, el equipo de Monzón respondió. Terceros en Zaragoza y terceros también en Madrid. Un doble resultado que coloca al IES José Mor de Fuentes en el mapa nacional de la programación en FP.
Cuatro horas, doce problemas y presión real
La prueba nacional consistía en resolver doce problemas de programación durante cuatro horas. Dicho así puede sonar sencillo, pero no lo es. Cuatro horas aislados, con el tiempo corriendo, con otros equipos avanzando y con la necesidad de no atascarse demasiado.
“Lo difícil es adecuarte a la presión. Son cuatro horas y hay que hacer todos los ejercicios posibles. Cuando algún ejercicio no te sale bien, hay que saber dejarlo de lado y seguir”, cuenta Jorge.
Alberto coincide en que una de las claves estaba precisamente ahí. Para él, lo más complicado no era solo resolver o no resolver un problema, sino decidir bien por dónde empezar.
Durante la prueba, los equipos podían ver en una pantalla, en tiempo real, qué problemas iban resolviendo los demás. Eso añadía una presión extra, porque no solo competían contra el reloj, sino también contra la sensación de que otros grupos avanzaban, explica Alberto.
“Creo que lo que más puede dificultar no es la incapacidad de resolver un problema, sino saber a qué problemas atacar primero”, comenta.
Marcos lo resume desde una parte muy concreta del proceso. Para él, lo más difícil fue “pasar de lógica estructural a código de manera efectiva”.
La prueba exigía leer, pensar, decidir y programar sin pausa durante cuatro horas, y esa fue una de las claves. No quedarse bloqueado. Saber abandonar a tiempo un problema para intentar sumar en otro. Mantener la cabeza fría cuando algo no compila, cuando una solución falla o cuando el reloj se esta terminando.
CodeMaxing
Jorge comenta que en CodeMaxing no trabajaban con un reparto rígido de las tareas, sino adaptándose a lo que pedía cada problema. Según explica, Alberto empezaba escribiendo el principio de los ejercicios, mientras Jorge y Marcos leían los enunciados para intentar encontrar la solución más rápida.
Después, Jorge se colocaba principalmente al ordenador para programar, mientras Alberto y Marcos seguían trabajando la parte lógica de los problemas.
La organización, aun así, no era fija. Jorge insiste en que todo era bastante flexible y que el equipo se iba adaptando a las necesidades del concurso, porque a veces cada uno podía aportar mejor en una parte distinta.
En una prueba así, la forma de coordinarse también cuenta. No gana solo quien sabe programar. También importa cómo se reparte el trabajo, cómo se comunica el equipo y cómo se decide rápido cuando el tiempo empieza a apretar.
Competir también es conocer gente
Jorge cuenta que la programación siempre se le ha dado bien. Por eso, cuando sus profesores les hablaron del concurso, tuvo claro que quería participar.
“Cuando me comentaron los profesores que había un concurso de esto, tenía muchas ganas de participar y representar al centro y a Aragón”, señala.
También había ganas de competir, de probarse y de conocer a otros estudiantes que están en lo mismo.
“Competir contra otros equipos, poder conocer gente y hacer lazos con otros institutos es muy bonito”, afirma.
Marcos lo explica de una forma más directa. Para él, el ambiente fue “normal”, sin darle demasiadas vueltas. Lo importante era competir, resolver lo que se pudiera y aprovechar una experiencia que ya conocía del año anterior.
De hecho, decidió presentarse porque ya había participado antes y le había parecido una buena experiencia.
Alberto también se queda con esa parte de la experiencia. Aunque todos los equipos tenían claro que iban a competir y que el objetivo era ganar, el ambiente no se vivió como algo frío.
“Se notaba que todos los grupos no solo tenían un punto competitivo, sino que también lo estaban pasando muy bien”, cuenta.
Para él, participar tenía sentido precisamente por eso, porque era una actividad relacionada con lo que estudia y porque le gusta meterse en este tipo de retos cuando tienen que ver con la programación.
El ambiente, aunque competitivo, fue bueno. Antes del concurso hubo contacto con otros equipos y durante la experiencia se mantuvo la cordialidad.
“Era un ambiente afable. Aunque fuéramos a competir, había cordialidad entre todos nosotros. Buen rollo y charlamos entre nosotros”, recuerda Jorge.
y Marcos resume su motivación sencillamente, «pasarlo bien». Y no hace falta adornarlo mucho.
Meritxell Badía Gamón
Jorge destaca el papel de Meritxell Badía Gamón, profesora del IES José Mor de Fuentes, como una de las personas que hizo posible la participación del equipo.
“Fue la que movió todo el proyecto”, dice.
También hubo apoyo familiar, ese que no programa ni resuelve problemas, pero está detrás cuando hay que viajar, competir y afrontar un reto así.
El objetivo sigue siendo ganar
Después del tercer puesto nacional, Jorge no lo ve como un final. Al contrario. Tiene claro que quiere volver a presentarse el próximo año.
No hay, según explica, un concurso europeo del mismo tipo, pero sí está en sus planes repetir en ProgramaMe.
Alberto también se quedaría con ganas de seguir compitiendo si existiera una oportunidad parecida a otro nivel. No se lo piensa demasiado.
“Si hubiera nivel europeo y pudiera participar, lo haría con mucho gusto”, afirma.
Y cuando se le pregunta a Jorge por el objetivo, contesta sin rodeos.
“El objetivo siempre es ganar”.
En cuanto a sus planes de futuro Marcos Martel lo tiene claro, trabajar.



