Seis meses de cárcel en condiciones inmundas en la prisión de las Capuchinas de Barbastro no pudieron con mi bisabuelo. Sobrevivió no sabemos cómo. Nunca abandonó su esperanza y el destino tampoco quiso que falleciera de ninguna enfermedad antes de ser ajusticiado. Es fácil caer en la trampa de pensar que esa lucha por mantenerse en vida y cuerdo no sirvió para nada, pero ese tiempo en la cárcel, del que no sabemos nada, dejaron un pequeño recuerdo que le sobrevivió hasta el día de hoy.
Así conocí que mi bisabuelo tenía buenas manos, que era capaz de hacer magia, de crear cosas de la nada. Antes de ser encarcelado, mi bisabuelo era jornalero. Él vivía de la naturaleza, conocía bien la libertad que alienta a todo ser vivo. Entre rejas, quiso plasmarla.
Con sus manos trajo a la vida una cajita de fibra natural. En su interior, guardaba unas fotos de sus tres hijos mayores. Imagino que él protegía esa caja mágica como un tesoro para acordarse de todo lo que le habían arrebatado cuando le metieron entre rejas, entre todo la oportunidad de ver crecer a su niña más pequeña. La felicidad que encarnaba ese objeto que él trajo a la vida fue el único rastro que quedó de su familia al completo. Después de su fusilamiento, mi bisabuela tuvo que sobrevivir, como pudo, con cuatro hijos. Todos ellos quedaron marcados para siempre bajo la mirada del régimen.
Nos olvidamos de todo aquello. Las generaciones que convivieron con Franco permitieron que la posterior democracia les adormeciera. Ese episodio de nuestra historia quedó congelado en el tiempo y en el espacio, como si no pudiera trascender al mundo de ahora ni pertenecer a la vida de biznietos y biznietas como yo. Reabrir esas heridas tiene precio. En 2012, el artista español Eugenio Merino presentó en la Feria de Arte Contemporáneo, ARCO, la obra ‘Always Franco’.
El dictador, moldeado con silicona y resina, aparece con su habitual uniforme militar dentro de una nevera del mismo material. Merino quiso reflejar como es España y poner de relieve la imagen congelada de Franco que tenemos en la cabeza. A la Fundación Francisco Franco no le gustó la idea y Merino fue acusado de un delito de ofensas al honor del dictador. La democracia no le salvó de tener que tomar asiento en banquillos judiciales aunque su caso acabó siendo desestimado.
“La guerra y el caos han plagado el mundo durante mucho tiempo”, decía el poeta americano E.E. Cummings mientras recordaba que cada época crea un “pulso especial” que el artista debe interpretar. Y cada vez más a menudo, las interpretaciones de los artistas son más perseguidas. Así, a más de 9000 quilómetros de distancia de donde yacen los restos de mi bisabuelo en una fosa común en Barbastro, en China, los hermanos Gao decidieron usar su arte para interpretar la represión del dictador chino Mao Zedong.
Durante la Revolución Cultural (1966-1976), su padre fue señalado de enemigo de clase. Fue detenido y arrastrado a un lugar que según los hermanos Gao “no era una prisión, ni era una comisaría de policía, era algo diferente”, según cuentan diferentes fuentes. Sin llegar a cumplir un mes de su detención, les informaron que su padre se había suicidado. Quedaron los seis hermanos y la madre y no les quedó otra que salir adelante con muchas dificultades.
Después de reclamar al gobierno central de Pekín, recibieron una compensación de unos 260 euros por la muerte de su padre. No por azar, los hermanos Gao dedicaron parte de su valiente obra a dar a Mao el lugar que le corresponde en la historia, más allá de la narrativa oficial del Partido Comunista y sacar a la luz temas tabú que no gustan al autoritarianismo chino. Destacan figuras como la de un Mao arrepentido, arrodillado, confesando sus pecados o la ‘Ejecución de Cristo’, en la que Jesús hace frente a un pelotón de fusilamiento formado por Maos apuntándole con sus armas.
Los dictadores suelen caracterizarse por tener buena memoria. A mi bisabuelo le detuvieron después de que Franco ganara la Guerra Civil y ordenara eliminar al enemigo. Aunque los Gao crearon sus reivindicativas obras hace años, es ahora cuando han pagado por ello. A finales de agosto de este año, el hermano mayor Gao Zheng fue detenido echando mano de una nueva ley aprobada en 2018 y que fue revisada en 2021 para hacerla más agresiva, con el objetivo de perseguir toda iniciativa que dañe la reputación o el honor de héroes y mártires que son venerados por el Partido Comunista chino.
En Barcelona, el Museo del Arte Prohibido, único en el mundo, se erige como un monumento a la censura contra el artista y a la persecución de la libertad de expresión.
La obra de Merino se expone al lado de piezas de artistas-activistas de nacionalidades diferentes. El propietario de las casi 200 obras que conforman la colección de arte prohibido es el empresario y periodista Tatxo Benet, quien quiso devolver a la sociedad la oportunidad de tener acceso a obras que en su día, forzosamente, desaparecieron del espacio público.
“Los artistas por su esencia son individuos de acción”, publicaba el artista disidente chino Ai Wei Wei en su perfil de Instagram como parte de una serie de reflexiones artísticas sobre el papel del arte y la inteligencia artificial. Puntualizaba que no todas las personas que toman acción son necesariamente activistas pero recalcaba que “un artista que no es un activista sería sin duda lo mismo que una entidad sin vida”.
Una de sus obras censuradas, ‘Filippo Strozzi in Lego’ se expone en el Museo del Arte Prohibido. Consiste de una composición con piezas de LEGO completada en 2016. Un año antes, LEGO se había negado a vender piezas a Ai para que diera forma a retratos de disidentes con el intento de mantenerse al margen de iniciativas políticas. A la empresa danesa le salió mal la jugada. Haciendo mano de su influencia mediática, Ai consiguió reunir miles de piezas de LEGO gracias a la colaboración ciudadana y completar su obra como él la había imaginado.
Los hermanos Gao y Ai Wei Wei pertenecieron a una generación de artistas chinos que se caracterizó por su esfuerzo en poner a prueba la censura del gobierno chino. Como ellos, son muchos los artistas en todo el mundo que perseveran con su arte a pesar de un aumento de la censura (en sus múltiples formatos) o de encontrarse en entornos autoritarios. En uno de sus ensayos, la novelista americana Toni Morrison contaba que es precisamente en momentos de crisis cuando los artistas se tienen que poner a trabajar: “No hay tiempo para la desesperación, para la autocompasión, no hay necesidad para el silencio, no hay espacio para el miedo”. Según Morrison, el caos es un gran contenedor de información que, como el arte, puede llevar al conocimiento y a la sabiduría.
“Hablamos, escribimos, creamos lenguaje. Así es como las civilizaciones sanan”, decía.
El arte es poderoso y por ello es perseguido, porque tiene la capacidad de trascender y convertirse en oxígeno, generación tras generación. “Sólo un artista puede entender… lo que supone para cualquier persona que está en este planeta, sobrevivirlo”, sentenciaba el escritor y activista para los derechos civiles americano, James Baldwin. Con su pequeña caja, mi bisabuelo aguantó seis meses en el corredor de la muerte hasta que decidieron ejecutarlo. No consiguieron llevárselo todo, tampoco a su alma. Su cajita sobrevivió para que tres generaciones después, él pudiese contarme su historia y yo pudiese darle voz a través de ese objeto al que mi bisabuelo trajo a la vida con sus manos.



2 comentarios
Articulo importante por el testimonio que aporta del obscuro período franquista, por que refleja con ternura la valentía de los hombres que se opusieron, por la voluntad de mantener vivo su recuerdo para alejar nuevas dictaduras y …por el placer de leer una escritura fluida, eficaz, contextualizada y simplemente bonita!
Por todo esto… Felicidades a la autora !
Excelente artículo.