Cuando Millán Astrain fundó la legión, en 1920, concedió una entrevista a un diario cuyo nombre no recuerdo, ¿quizás El Sol?. La leí hace años y recuerdo dos cosas: que quería que los legionarios fueran como los soldados de la batalla de Barbastro (sic) donde o se ganaba o se moría, no cabía la rendición. Referíase a la batalla de las guerras carlistas por estos derredores, al parecer entre Barbastro , Ilche y Castejón del Puente (errores geográficos sean salvados).
Lo segundo que recuerdo es que para nutrirla de voluntarios se fletaron varios trenes hasta Málaga, desde diversos puntos de España, y la región que aportó más voluntarios fue Cataluña, lo que obligó a doblar los trenes para la legión española.
Las cosas, en un siglo, han cambiado tanto que son irreconocibles. Pero, al parecer, hay tipos de personas que no cambian apenas. Leo en Libertad digital que Puigdemont abroncó al arzobispo de Barcelona, D. Juan José Omella, por su homilía en la eucaristia con motivo de los asesinados en las Ramblas. «¡ Inaceptable!», dizque le dijo. http://www.libertaddigital.com/espana/2017-08-29/puigdemont-abronco-al-cardenal-omella-tras-la-misa-en-la-sagrada-familia-1276605005/
Millán Astrain, el fundador de la legión, estaba confesándose cuando de repente se levantó furioso y abroncó al confesor, diciendo «¡ Éste no me vale, que traigan otro cura!»
En las formas hemos avanzado: Puigdemont no levantó la voz en la iglesia; recriminó sin gritar, en el recogido espacio de la sacristía.
Nos decían que el «proces» iba a ser con las sonrisas pero, a veces, no sale bien.



