Random es sin duda uno de esos términos que escucho a gente joven en el metro, también por la calles de aquí o de Salas Altas, gente joven e inquieta. Tengo una buena recopilación de estas palabras. Random (poco usual, aleatorio, fuera de contexto o extraño) y Chus (dícese de alguien o algo que es poco satisfactorio, incompleto o un poco tiradillo) son mis preferidas. Son sonoras, sirven para casi todo, actúan como adjetivos calificativos -muy importantes los calificativos- y sobre todo: forman parte de la jerga del “metagénero” de lo más.
Las definiciones me las suministra una amiga, catedrática del lenguaje guay. El diccionario de la R.A.E dice sobre Chus: sin decir palabra. “sin decir chus ni mus”. Lo que me molesta de la primera (random) es que forma parte del mundo anglosajón (un sistema que detesto). Chus es mucho mejor que ful – también me parecía buena-. Ful – falso, fallido- se agotó con los años vividos en bares y en los barros de la noche.
Cesar Gonzalez Rua – claro antecedente de Francisco Umbral– utilizó ful con asiduidad en sus crónicas -noches de crápulas-, escritas de tirón, sin correcciones ni arrepentimientos. Chiringuito es su gran aportación a esto de lo que estoy escribiendo. En el año 1943 se instala en Sitges eligiendo un rincón de un extraño, pero luminoso, café que se llamaba el Chiringuito, al pie de la playa, para escribir su columna diaria en La Vanguardia y otras colaboraciones; a través del uso en sus escritos, el término chiringuito se popularizó con el significado presente.
Al borde de la movida madrileña, Umbral, el jefe de lo cheli y su diccionario, se apropia del habla popular. Jerga popular y colectiva; o mejor el cheli un nuevo lenguaje, sonaba a nuevo aunque fuera casticista. Mogollón, tronco, dabuten o demasié ahora suenan pueriles, son términos anacrónicos. Con los pies en el suelo: en tiempos de tribulación no mudarse.





