No podemos salir fuera de nuestras casas, pero siempre podemos buscar la salida en nuestro interior. Aprovechemos este confinamiento para observarnos, para contemplarnos sin máscaras, sin engaños. Aprendamos a reconocer nuestras «taras», aquellas partes de nosotros que no nos gustan y que tal vez por ello, de forma inconsciente, las tapamos o no las queremos mirar. Estos días nos dan la posibilidad de mirar nuestra sombra, reconocerla, aceptarla y abrazarla. No podemos refugiarnos en la vida social, en el trabajo o deporte como una manera de escapar de nosotros mismos. El trabajo ahora mismo es en nuestro interior: dominar nuestros miedos y abrazarnos con todas nuestras imperfecciones. Darnos amor para desde allí elevar nuestra vibración, mandar luz y amor al mundo.

