La semana pasada os contábamos como desde el 23 de octubre el Núcleo Zoológico Iris, está llevando a cabo todas las semanas de manera altruista, una “Terapia Animal en Demencia” en la Residencia Municipal de Barbastro, con cuyos resultados están muy satisfechos.
Además de ayudarles a recordar, incentivan su expresión oral y las relaciones afectivas con los animales. En esta ocasión nos cuentan cómo en otras sesiones han llevado una gallina, una tortuga, a la perrita Masa y a la cabrita Lola.
La gallina, la mayoría de ellos, esperaban que acabara en el caldo y con la tortuga surgieron recuerdos muy bonitos, especialmente el de una señora de la primera sala, que son los ancianos que van a visitar antes de iniciar la terapia con las personas con mayores demencias. Esta señora les comentó que había tenido una tortuga de 100 años que ya había heredado de su familia.
Con la perrita Masa la jornada fue sobre ruedas, les robó el corazón a todos. Bea nos cuenta cómo se sorprendió al escuchar de los abuelitos en terapia, con demencias avanzadas, cómo le recalcaban muy seriamente que había que tratar con mucho cariño y darle mucho amor a la perrita. Les despertó unos sentimientos y sensaciones maravillosas.
Hay que resaltar igualmente el comportamiento de los animales hacia los ancianos. El Núcleo Zoologico Iris ya lleva animales a los que conoce sobradamente y sabe que son aptos para interactuar con las personas. Pero les sorprendió aun contodo muy gratamente, como la perrita Masa tuvo una paciencia más que de santo, con todos los achuchones que se llevó.
La visita de la cabra Lola a la Residencia el pasado viernes igualmente revolucionó a todos los abuelitos. Lolita es una cabra murciana, que ha sido criada con los niños que participan en el Campus del Núcleo Zoológico a biberón. Se portó estupendamente con los abuelitos propiciando otra jornada entrañable.
Ellos mismos había llevado un poco de maíz para que los ancianos que quisieran le pudieran dar de comer y sentir las sensaciones que ello evoca en la mano. Pero aún contodo observaron cómo alguna abuelita se sacaba algunas migas de pan del bolsillo para dárselas a Lola de una forma muy tierna. Los ancianos enseguida reconocieron a la cabra, así como con otros animales les cuesta más.

Resaltar que los niños del Colegio Pedro I que les vieron al salir propusieron enfáticamente que se la dejaran a vivir a los abuelos. Fue una nueva jornada de pequeña y grata revolución para los ancianos.



