Un caza sobrevuela el cielo. Tú no te inmutas; ella se tira al suelo, se esconde debajo de una mesa y se acurruca cubriendo su cabeza con las manos. ¿Estamos en Siria?, ¿en Afganistán?, ¿en…? No. Estamos en Idomeni, en uno de los campos de refugiados improvisado más grandes de Europa, en la frontera entre Grecia y Macedonia. Son las 11:37 y queríamos hacer una clase de matemáticas. Este ha sido uno de los momentos más estremecedores de mi vida; para ella no. Su actuación sólo ha respondido al instinto natural de supervivencia. Ella tiene solo 7 años y ya ha sufrido más de lo que una niña de su edad debería haber vivido. Historias como estas son el día a día de cualquier campo de refugiados en Europa.
Mi experiencia se basa en un viaje que hice al campo de refugiados de Idomeni, campo que ya no existe, durante la primera quincena de mayo. El primer día te da cierto reparo hacer fotos, no sabes cómo actuar: ¿cómo les voy a pedir si puedo retratarles?, ¿en su miseria?, ¿y su dignidad? El segundo día te das cuenta de que lo que está pasando ahí no tiene cabida en los medios de comunicación de masas y debes darle voz a todo lo que ves. El mundo debe saber lo que está pasando ahí, todo lo que ocurre a cada minuto mientras tú te levantas tranquilamente, te tomas un café y te vas a trabajar. Porque luego encenderás el televisor y ahí no te hablarán del niño que ha nacido en un campo de refugiados. Un niño que sólo tiene unos días de vida y que vive en condiciones infrahumanas con una madre que lo cuida, un padre que se encuentra en Alemania para facilitarles el traslado a la familia y que por el momento no ha conseguido nada más que estar alejado de ellos. Ahora la familia está separada y el niño es un niño sin hogar, sin nacionalidad. No es griego, a pesar de haber nacido ahí porque no se le reconoce la nacionalidad; tampoco alemán; no tiene identidad, es un nadie al que nadie le importa.
Esa es una de las razones por la que te propones levantar la voz entre las personas más cercanas a ti, aquellas con las que te relacionas a diario. Te das cuenta de que debes contar tu experiencia, el mundo no puede quedarse impasible o al menos tú no puedes ante lo que estás viendo y viviendo: la vulneración de todos los derechos humanos. Y te das cuenta de qué es Europa, un trozo de tierra en el que millones de seres humanos que huyen de la guerra confiaron y la razón por la que muchos de ellos te preguntan: Why, my friend? (¿por qué, amigo?). Pregunta a la que tú, como ciudadana europea, no sabes cómo responder, pregunta que te avergüenza, porque tú también eres cómplice. Todos los somos.
Como voluntaria independiente mi labor se centró en dar clases y en estar con los niños del centro cultural autogestionado trabajando al lado de profesores, educadores, de aquí y de allá, refugiados, europeos, estadounidenses, brasileñas… ¿Qué más dará de dónde? Lo importante es que todos trabajábamos juntos en un objetivo común en el que las diferentes culturas no nos separaban, sino que nos acercaban. A raíz de toda nuestra experiencia un amigo y yo creamos un blog en el que recogemos algunas de las experiencias que vivimos ahí esos días (https://diarioenuncampoderefugiados.wordpress.com/).
Idomeni ya no existe, las personas que ahí estaban fueron desalojadas en autobuses en los que se leía Crazy Holidays (vacaciones locas, en inglés). ¿De verdad nadie pensó en la dignidad de esas personas? Fueron trasladas de los infrahumanos campos de los olvidados a los vergonzantes campos militarizados, a cargo del Estado, en los que las condiciones aún son peores y en los que las personas como tú y como yo no podemos entrar. Si nosotros ahora no podemos darles voz, ¿quién lo hará? Yo ya me cansé de llamarles refugiadas y refugiados, son caminantes y viajantes de este mundo, del que algunas personas se creen dueños y con el derecho a cerrar fronteras.
Animo a cualquier persona a informarse sobre lo que les está pasando a estas personas, a leer, a hablar, a comentar, a visibilizar la situación, a denunciarla y a colaborar. A implicarse de la forma que quieran y, sobre todo, animo a todo el mundo a perder el miedo. Todos podemos cambiar la realidad en la que vivimos, pero para ello debemos pronunciarnos, salir a la calle y dar ejemplo.
María Torres
@MariaTorol

