El Obispado de Barbastro-Monzón ha presentado Las Tres Catedrales, un proyecto cultural y turístico que conecta las catedrales de Barbastro, Monzón y Roda de Isábena mediante una experiencia inmersiva sobre el patrimonio medieval diocesano. La iniciativa combina aplicación móvil, realidad virtual, relato histórico y producto local para acercar estos tres enclaves al visitante de forma autónoma, accesible y vinculada al territorio.
La iniciativa propone una nueva manera de recorrer las tres catedrales. A través de una aplicación móvil, los usuarios podrán preparar la visita, personalizar el recorrido con audioguías en español, inglés y francés y completar la ruta con ayuda de un sistema de geolocalización.
La herramienta también facilita el acceso a otros monumentos diocesanos, miradores y servicios, de forma que la visita no se limita a los templos, sino que se abre al conjunto del territorio.
Desde el área de Patrimonio de la diócesis resumen el objetivo de la propuesta con una idea clara. “Queremos que quien nos visita se convierta en protagonista de la historia y elija, además, cómo vivirla”.
Realidad virtual en Roda, Monzón y Barbastro
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Las gafas de realidad virtual estarán disponibles en las tres catedrales y en el Museo Diocesano de Barbastro-Monzón. Con ellas, el visitante podrá recorrer los templos y acceder a espacios que no forman parte de las visitas habituales.
Las recreaciones digitales han sido producidas por La Cúpula y funcionan como “cápsulas de tiempo”. Integran narrativa histórica, personajes y tres escenas de la vida medieval, cada una vinculada a una de las catedrales.
En Roda de Isábena, el traslado de los restos de san Ramón obispo en 1170 simboliza el poder eclesiástico. En Monzón, las Cortes de Aragón presididas en 1435 por la reina María de Castilla representan el poder nobiliario y monárquico. En Barbastro, la cubrición de la Catedral por Juan de Segura refleja el papel de la burguesía y los gremios.
Producto local unido al relato medieval
La experiencia de Las Tres Catedrales Barbastro incorpora también una propuesta agroalimentaria basada en productos locales. En colaboración con Huesca Alimentaria y La Despensa de Barbastro, cada enclave cuenta con un lote gourmet inspirado en su relato medieval.
En Roda, Plegaria en Hilos de Azafrán incluye azafrán de Laspuña, longaniza de Graus, chocolate Casa Pallars, cerveza Rondadora, queso de Saravillo e hidrolato de salvia.
En Monzón, El Paladar de la Reina reúne nueces de Valonga, almendras de Binéfar, melocotón del Cinca, miel de Tamarite, Pilaras de Alcampell e hidrolato de romero.
En Barbastro, El Capricho de Juan de Segura se compone de Tomate Rosa de Barbastro, aceite DO Somontano, Flor de Sal de Naval, miel de Asque, mermelada de pétalos de rosa y oro e hidrolato de lavanda.
La misma línea narrativa llegará también a varios restaurantes de las tres localidades, que han elaborado platos o menús inspirados en cada historia. Además, Bodega Enate propone el maridaje de tres de sus vinos con cada una de las catedrales.
Un proyecto dentro de Expedición 4.0 al Medievo
Las Tres Catedrales forma parte de Expedición 4.0 al Medievo, un recorrido cultural, sensorial y tecnológico por 17 enclaves religiosos de España. La iniciativa reúne a ocho diócesis de siete comunidades autónomas y cuenta con una web común y venta conjunta de entradas.
Expedición 4.0 al Medievo obtuvo una subvención de 700.000 euros del Ministerio de Turismo, Industria y Comercio y fue reconocida con el Premio Iglesia Sostenible, otorgado por la Oficina de Sostenibilidad de la Iglesia de la Conferencia Episcopal Española.
La inversión en Las Tres Catedrales asciende a 170.000 euros. De esa cantidad, 78.000 euros han sido aportados por la Asociación Las Tres Catedrales y el resto procede de fondos Next Generation.
El proyecto busca impulsar el turismo cultural en el Alto Aragón, fomentar el consumo de producto local y contribuir a la dinamización del entorno rural. La propuesta une patrimonio, innovación y economía local desde las catedrales de Roda de Isábena, Monzón y Barbastro.
El obispo de Barbastro-Monzón, Monseñor Ángel Javier Pérez Pueyo, situó el proyecto dentro del trabajo patrimonial de la diócesis y defendió la necesidad de abrir este legado a las nuevas generaciones.
“Excelentísimas e ilustrísimas autoridades, queridos representantes de los medios de comunicación, hermanos y amigos todos. Bienvenidos a esta caja mágica que es el Museo Diocesano de Barbastro-Monzón, casa de la memoria y el porvenir de nuestra tierra.
Nos reúne hoy un proyecto que va mucho más allá de la simple promoción turística o la mera gestión cultural. Nos reúne un acto de profunda gratitud y de responsabilidad. Desde este Obispado, en cada una de sus áreas, trabajamos cada día con una certeza. El legado que hemos recibido no nos pertenece para esconderlo, sino para ofrecerlo.
Estamos dedicados a custodiar este tesoro con criterios de sostenibilidad, sí, pero también con la mirada puesta en las siguientes generaciones. Nuestra obligación pastoral y social no es conservar monumentos mudos. Nuestra misión es hacer que esas piedras vuelvan a cantar la belleza del misterio que las levantó.
Nuestra Diócesis cuenta con un rico e ingente patrimonio y estamos haciendo un esfuerzo constante por abrir de par en par sus puertas y conectar los elementos más sagrados y relevantes de nuestro territorio. No entendemos la cultura como islotes de nostalgia, sino como un mapa de comunión.
Al entrelazar nuestros templos, buscamos interpretar la historia de forma conjunta para generar espacios de encuentro que abracen a nuestras gentes, que reconozcan su dignidad y su identidad como pueblo. Roda de Isábena, Monzón y Barbastro representan los tres hitos monumentales más sobresalientes de esta Diócesis, pero por encima de todo, son el espejo de nuestra alma compartida.
Al contemplar su majestuosidad, a menudo nos asalta una pregunta que hoy quiero compartir con ustedes. ¿Qué sería del Alto Aragón sin la Iglesia?
Sin la presencia milenaria de la Iglesia, esta tierra carecería de relato. Si silenciáramos la voz de la fe, el Alto Aragón sería un paisaje bellísimo, pero desprovisto de su columna vertebral.
Sin la Iglesia, no existiría el milagro románico que desafía al viento en el silencio de las montañas de Roda. No tendríamos los muros donde se parlamentó el destino y la concordia de los reinos en Monzón. Ni contemplaríamos la luz gótica que se eleva hacia el cielo gracias al orgullo y el empeño del pueblo llano en Barbastro.
Sin la Iglesia, no solo nos faltarían catedrales, monasterios o ermitas que jalonan cada rincón de Huesca. Nos faltaría el tejido mismo que unió a los hombres y mujeres de la Edad Media, los valores compartidos que nos permitieron resistir las inclemencias de la historia, las costumbres que nos definen y la esperanza colectiva que hoy nos sostiene.
Sin la Iglesia, el Alto Aragón no sería el que es, porque fue la fe cristiana el verdadero motor que humanizó el paisaje y transformó el territorio en un hogar compartido.
Por eso, unir hoy la milenaria herencia de nuestros templos con la vanguardia de la tecnología y el fruto del esfuerzo de nuestros artesanos locales es un acto de coherencia evangélica. Es demostrar que la fe sigue encarnada en la vida, en la economía rural, en el sustento de nuestras familias y en la lucha contra la despoblación de una tierra que está llena de alma y de porvenir.
Queridos amigos, les invito a cruzar el umbral de estas Tres Catedrales no como meros espectadores del pasado, sino como caminantes que buscan el sentido del futuro. Les invito a descubrir que el Medievo aragonés no es un tiempo que terminó, sino una raíz viva que hoy ponemos en sus manos”.





