La vida es diversa, desigual, sutil, divertida, triste, agitada, tranquila, sumisa, tolerante, pasional, aburrida, monótona, impulsiva, átona, entusiasta…, hay de todo, como en un abastecido supermercado.
Cada cual gestiona su vida como sabe o como puede y solamente cada cual es el único responsable de su gestión. Otras personas acompañan el proceso. En ocasiones pueden hacerlo más divertido, pero también más triste, las compañías también son diversas. Hay que elegir, elegirlas, seleccionarlas, unas para unas circunstancias, otras para situaciones diferentes. Nadie es igual, aunque todos nos parezcamos.
Los españoles menores de setenta y cinco años somos muy afortunados. Constituimos en este país las primeras generaciones que no han conocido la guerra en primera persona. Formamos parte del 18% de la población mundial que vive con más y mejores recursos de la historia de la humanidad. Por contra, somos la generación de la especie humana que pasará a la historia como las criaturas más egoístas e irresponsables de toda la humanidad, pues en tan solo 50 años hemos dilapidado el 90% de los recursos naturales del planeta.
¡Hemos hipotecado a nuestros nietos y a su nietos, y a los nietos de éstos, de por vida!
Me consuela pensar que he plantado más de dos mil árboles y que hace más de treinta años vivo en una casa sostenible y autosuficiente. Pero no es suficiente para consolarme.
He dejado de ver televisión, de oír la radio y de leer la prensa, pero también es insuficiente. Soy hijo de mi tiempo y formo parte de esta historia. Mi nombre por siempre estará asociado a una generación de dilapidadores. Bien que lo siento, pero es así. Cada vez que lo pienso me deprimo. Pero no depende solo de mi. Intento hacer todo lo que puedo por el bien de la humanidad. Me esfuerzo por mejorar la vida de mis congéneres, pero mi poder es muy limitado. Apenas puedo con mejorar mi propia calidad de vida. Pero mientras se tenga un aliento de vida hay que tratar de seguir mejorándose y con esta actitud también mejorar el mundo.
Me siento enamorado de la vida, apasionadamente enamorado. Tal vez por ello siempre me paga con creces, con mucho amor, por esto doy gracias cada día al levantarme y al acostarme. Cada acción de gracias mejora la calidad de mi vida.
A veces me siento mal. Melancólico, apagado, taciturno…, pero incluso en la tristeza, en la enfermedad, en el dolor…, la vida puede proporcionar momentos sublimes de belleza y paz. A veces un catarro severo, una gripe o un fuerte dolor de riñones te precipita a la soledad de tu dolor y te refugias ensimismado en tu intimidad. En esos momentos cualquier compañía puede resultar molesta, aunque los cuidados amorosos siempre resultan ser el mejor bálsamo.
Tocar la mismidad es una oportunidad para vivirse en plenitud, pero hay personas que lo viven como una desdicha, prefieren el ruido, la palabrería o los pensamientos desbocados. No saben que se encomiendan al mismísimo diablo. Disponemos de la música, del silencio, de la meditación, de la escritura, del paseo zen, del amor tántrico, de uno mismo, de todo el ser, único y diferenciado, irrepetible y majestuoso. Somos criaturas irrepetibles. ¿No es fantástico?
A través de la intención podemos sintonizar nuestros propósitos con muchos otros orientados en la misma dirección. El poder de las sinergias colectivas está en nosotros. Si los propósitos son generosos, loables y solidarios siempre ganamos todos. Es posible crear un mundo mejor como vía para empezar a saldar las hipotecas generadas.
Nos moriremos, nuestra conciencia se hará invisible y el silencio nos envolverá. Habremos cumplido nuestro ciclo y si ha sido alegre, amoroso, cordial, generoso, grato y solidario…, habremos sembrado semillas de bienestar y felicidad en este planeta hasta que se vuelva a convertir algún día en polvo de estrellas.
Que 2015 sea pródigo y benéfico para ti y para toda la humanidad. Dirige tu intención hacia este objetivo. No es suficiente, claro, pero ayuda, aunque sea un poco. Al menos siembra una esperanza con mucho amor, siempre con amor, desde lo más íntimo y profundo de tu corazón.
¡Gracias a la vida!
Paco Lagardera (Barbastro)


