El pasado 23 de abril se celebró en Barcelona la DIADA DE SANT JORDI.
Sant Jordi, San Jorge en castellano, fue un soldado romano que vivió entre los siglos III y IV después de Cristo, martirizado por no querer abjurar de su fe cristiana.
Sant Jordi está ligado a la conocida leyenda medieval del Dragón que tenía presa a una princesa. El Santo clavó su lanza en el costado del animal de cuya herida brotaron gotas de sangre que al llegar al suelo se convirtieron en un rosal. De esta leyenda nació la fiesta de la rosa que se celebra en Catalunya desde el siglo XV cuando se popularizó la costumbre de regalar una rosa a la persona enamorada.

De forma más o menos regular se ha ido celebrando a lo largo de más de 600 años, hasta que durante la década de los años 20 del pasado siglo se estableció el hábito de regalar un libro a las personas queridas.
Desde entonces cada 23 de abril Barcelona, al igual que muchas otras poblaciones de Catalunya, Aragón y otras Comunidades Españolas, celebra esta fiesta del amor, de la rosa y del libro.
En 1988 la UNESCO estableció el 23 de abril como el Día Internacional del Libro, celebrándose actualmente en más de 100 países. Casualidad o no, William Shakespeare y Miguel de Cervantes fallecieron un 23 de abril.
En Barcelona la DIADA DE SANT JORDI se ha convertido en prácticamente un día festivo que atrae a población de fuera de la ciudad y que llena las calles durante todo el día de gentes en busca del libro adecuado y la rosa perfecta.

Este año en pleno Paseo de Gracia barcelonés a la altura de la calle de Rosellón, un autor barbastrense, Paco Bosch Mateu, ha firmado ejemplares durante toda la mañana de Sant Jordi de su libro “Crónica del Rey Olvidado”.
Cada año se repite el principal temor de libreros, editoriales, autoridades municipales y autores que flota en el ambiente durante la semana previa a la fiesta: El mal tiempo.
Lluvia, frío excesivo, viento exagerado y otros fenómenos atmosféricos marcan la diferencia entre el éxito y el fracaso de la jornada.

Este 2022 después de dos años de limitaciones a causa de la pandemia provocada por la COVID, había serias dudas con los pronósticos del tiempo.
Empezó bien el día aguantando el tipo y con comentarios generalizados muy optimistas.
Pero la naturaleza es soberana y en poco más de 5 minutos el cielo ennegreció dejando caer una tremenda granizada con piedras de considerable tamaño. Duró cerca de 15 minutos y provocó la desaparición mágica e instantánea del público que se refugió en portales, párkings, y tiendas.
En cuanto dejó de granizar las calles volvieron a llenarse de público con la misma rapidez con la que había desaparecido ante las primeras gotas. Pero el tiempo ya había dejado su temida huella con miles de libros destrozados por el agua, la piedra y el viento provocando un verdadero drama para algunas editoriales pequeñas e independientes.

Las calles, tiendas y paradas de libreros y editoriales permanecieron abarrotadas de un público ávido de “fiesta” hasta un punto que resultaba, al menos para este autor, sofocante y molesto.
Miles de pequeños puestos de rosas inundaban el centro de la ciudad. En los 113,30 metros que ocupa una calle del Eixample barcelonés se podían contar hasta siete u ocho puestos con rosas de diversos colores puestas a disposición de los transeúntes. Entre ellas triunfaba como siempre la tradicional rosa roja.
El impacto económico de esta fiesta es tal que durante la DIADA DE SANT JORDI de 2019, la última sin el efecto COVID, se vendieron en Catalunya mas de 7.000.000 de rosas y 1.600.000 libros. En un solo día!!!
De forma digna nuestra muy ilustre ciudad estuvo representada por este modesto autor con un libro en el que Barbastro tiene un protagonismo importante.

